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Miércoles 12 de Marzo de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Miércoles 12

—Quisiera que especialmente los empresarios, los comerciantes y los dirigentes en general repararan en el contenido de esta carta que nos envió un lector: "Estimado señor Candi: me dirijo a usted a efectos de hacerle llegar este comentario...

—Quisiera que especialmente los empresarios, los comerciantes y los dirigentes en general repararan en el contenido de esta carta que nos envió un lector: "Estimado señor Candi: me dirijo a usted a efectos de hacerle llegar este comentario y, en cierta forma, para sentirme un poco más liberado de la angustia que me viene abatiendo desde hace ya bastante tiempo, rogándole por favor que no publique mi nombre para no preocupar a mi familia. Tengo 51 años, desde hace ya tres que estoy desempleado cuando concluyó mi contrato con una metalúrgica de esta ciudad y no he vuelto a conseguir otro empleo, pese a que desde el momento en que quedé cesante fueron incalculables la cantidad de currículum que envié tanto por pedidos en el diario como en presentaciones espontáneas. Innumerables las recorridas por todas la agencias habidas y por haber, generalmente atendido por chicas que pueden ser mis hijas y que demuestran un total desprecio por la persona que está allí delante de ellas y que no va a pedir limosna, simplemente a ver la posibilidad de quedar anotado en su banco de datos para una posible oportunidad laboral. Somos tratados como inservibles, sin saber todo lo que uno tiene para enseñar después de toda una vida de trabajo. En mi caso desde los 14 años que soy empleado administrativo y pese a no ser contador recibido, poseo conocimientos, aptitud y la "calle" necesaria como para saber desempeñarme en forma correcta en lo que es mi área. Pero lamentablemente, a mi modesto entender, la sociedad está enferma, hoy una persona que sobrepase los 45 años ya está "para ir a la plaza a alimentar a las palomas", es desvalorizada inclusive por los políticos que se llenan la boca hablando de la igualdad de oportunidades (intenté conectarme con alguno de ellos y tampoco obtuve respuesta). Yo le pregunto: ¿qué esperanza me queda a mí y a los que están en mi misma situación? ¿Sentarnos en la plaza, quedarnos en casa a esperar que nos lleven al cementerio o caer en manos de "aves de rapiña" que lo toman a uno por dos pesos, en negro, sin ninguna cobertura ni aporte? Y todo eso va minando la salud de uno, haciendo que día a día se sienta más desmoralizado, sin ganas de seguir adelante y con las consecuencias que ello implica en el seno familiar. Espero que esto sirva para hacer reflexionar a tantos empresarios que tal vez no se dan cuenta de que en estas épocas, una persona de esa edad está en su plenitud, tanto física como intelectualmente y que es mucho lo que tiene aún para aportar. Sin más, lo saludo muy atentamente".

—Este tema lo hemos tratado. No obstante, vaya una breve reflexión.

—Mire, me abstendré de circunloquios y ambigüedades. Históricamente, en el pasado, los pueblos más desarrollados prestaban atención y cuidaban especialmente del rol de los adultos mayores en el campo del pensamiento y las acciones. Incluso cuando el adulto perdía su potencial físico, se lo entronaba como sabio habida cuenta de su conocimiento adquirido y formaba parte de un consejo de consulta que era vinculable. En nuestro tiempo, como el "desarrollo" muchas veces se alcanza por medios "dudosos", ciertos insensatos no alcanzan a comprender el verdadero valor de algunos atributos. De todas formas, amigo lector, no se desespere, tenga fe.

Candi II

candi@lacapital.com.ar

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