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Martes 29 de Abril de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Martes 29

—Tengo una carta interesante que deseo reproducir. Refiere al tema del destino humano considerado aquí durante el fin de semana. La envía Juan y dice así: "Estimado Candi II: como habitualmente lo hago, he leído ayer su página de Charlas en el Café del Bajo de "La Capital" cuyo tema sobre el destino del ser humano concluye en la edición de hoy...

—Tengo una carta interesante que deseo reproducir. Refiere al tema del destino humano considerado aquí durante el fin de semana. La envía Juan y dice así: "Estimado Candi II: como habitualmente lo hago, he leído ayer su página de Charlas en el Café del Bajo de La Capital cuyo tema sobre el destino del ser humano concluye en la edición de hoy. Como considero muy importante el tratamiento que usted le ha dado a esa cuestión de vital importancia en las relaciones humanas pues es un asunto muy "metido" en la sensibilidad de las personas y a veces "maltratado" por ideas mitológicas, creencias metafísicas o razones cientifistas, por este medio expreso mi opinión al respecto con la intención de contribuir de alguna manera a la clarificación de lo que ha sido y es el futuro desconocido que tanto preocupa individualmente. Si nos ocupamos un poco de repasar la historia y aún la prehistoria de la vida en La Tierra, al margen de ideas mitológicas y creencias sobre el "más allá" de nuestras vidas, amén de intenciones políticas o religiosas, podríamos concluir en la necesidad inevitable de creer en la existencia de un presunto y desconocido autor universal, pues día a día el razonamiento humano se conmueve mostrando "novedades" que comprueban la imposibilidad de que un universo tan perfecto funcionalmente sea obra de un acto "casual" en su origen. Si en consecuencia existe un Verdadero Creador Universal al que sólo conocemos por la idea que nos inculcaron nuestros antepasados y sus "creaturas", producto de sus creaciones, han existido y siguen existiendo mediante hechos propios y ajenos de "libre albedrío" que producen su desarrollo y evolución como seres y cosas de existencia visible o invisible a simple vista, es evidente que nuestro destino individual se construye mediante ese libre albedrío, no tan libre como parece pues todos nos hallamos, de alguna manera más o menos lejana, ligados por el destino de los demás, como si ese Verdadero Creador Universal actuara cual padre de toda su Creación, que nos conoce perfectamente como sus "hijos" y sabe como "tratarnos" según su voluntad creadora por más que protestemos por supuestas "injusticias". Con tal motivo le saludo muy atentamente. Juan E.A. Mattheus".

 

—En buena parte coincide con nuestro pensamiento al respecto.

 

—Así es. He escrito algo para unos amigos respecto del albedrío, la soledad y el destino que dice así: "Cuando el ser se ha encontrado y se ve a sí mismo, tiene el albedrío de aceptarse y arrojar por la borda de su vida todo aquello que le resulta inútil para el viaje temporal. Cuando el ser humano, mediante la serena y profunda reflexión, se ve a sí mismo, ve también que no está solo, que hay un yo de otro orden (no físico, no psíquico, "no motivado por los sentidos") que lo acompaña siempre y cuyo poder es fantástico. Descubierto ese otro "yo", ese "uno mismo", se descubre inmediatamente la presencia de "Aquel que es el que es" y enseguida todo un universo de criaturas deseosas de acompañarnos (porque nos necesitan y nos hacen sentir necesarios) en este camino que a simple vista parece duro, difícil de transitar, pero no imposible de andar. Es entonces que la vida tiene un sentido y se puede responder a la pregunta, ¿cuál es mi rol en este mundo?".

 

Candi II

candi@lacapital.com.ar

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