Edición Impresa
Martes 18 de Marzo de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Martes 18

—A propósito del tema abordado el domingo, sobre los juegos de los niños de antes y los de nuestros días, escribió una carta un lector: "Estimado Candi: permítame decirle que estoy totalmente de acuerdo con su comentario de Charlas en el Café del Bajo del domingo 16. Mi nombre es Claudio Gazzera, y a mis 42 años...

—A propósito del tema abordado el domingo, sobre los juegos de los niños de antes y los de nuestros días, escribió una carta un lector: "Estimado Candi: permítame decirle que estoy totalmente de acuerdo con su comentario de Charlas en el Café del Bajo del domingo 16. Mi nombre es Claudio Gazzera, y a mis 42 años le digo que durante mi infancia y mi adolescencia las enseñanzas eran distintas. Había más respeto, pero también más magia e ilusión; sí, ilusión y proyectos que a medida que uno iba creciendo se iban puliendo, siempre con inocencia y sobre todo conciencia".

—A mí me parece que es efectivamente así. Pero todas estas circunstancias que no son felices hoy, son consecuencia de "la nueva cultura".

—Dice el lector: "Le cuento que en mi trabajo sufro a horrores. Sí, soy funcionario público en el municipio de Rosario, en el área de transporte, como supervisor. Y además de ver el comportamiento en la calle, sufro más por lo que veo alrededor mío todos los días. Gente que por ser empleado público no le importa nada. Se sienten más por tener un cargo, y la haraganería es una premisa en el diario vivir".

—También coincido y hemos tratado muchas veces aquí el comportamiento de la gente en la calle. Y si me queda espacio voy a considerar brevemente lo que le sucedió a la mamá de un lector con un taxista. Realmente bochornoso. En cuanto a los empleados públicos, hace unos años dijimos de unos mocosos que "¡menos mal que en la mano tienen una birome y un talonario y no un revólver!". Pero claro está que no son todos ni mucho menos. Yo rescato la actitud de muchísimos empleados públicos que trabajan a conciencia y son humillados con sueldos miserables.

—Sigue diciendo el lector: "Gracias a mi esencia, vocación, respeto y dignidad, llevo 18 años caminando libremente por la vida y durmiendo tranquilo, porque hay algo que siempre viene a golpear la puerta del alma y se llama conciencia. Pero, bue..., no me quiero ir por las ramas. Para no hacer tan extensa la misma carta, lo invito a escuchar mi espacio radial, llamado Laberinto, que se emite todos los martes de 19 a 20 horas, por FM AZ en el 92.7 del dial, o por web mediante www.fmaz.com.ar. En dicho espacio, donde mezclo un poco de ingenio, ilusión, inocencia, resalto los valores humanos, desde el punto de vista espiritual, de todo lo cotidiano. Le envío un gran abrazo Claudio H. Gazzera".

—Y este problema cultural del que habla Claudio tiene que ver con el siguiente hecho: la mamá de un lector, Facundo Rocca, tomó un taxi para ir a visitar a su esposo internado. Pagó con cien pesos, el viaje salía ocho y el taxista le devolvió dos pesos. Cuando la mujer le reclamó, el taxista se enojó hasta airarse. Asustada la mujer se bajó del vehículo y se fue. Hace pocos días dijimos aquí que había conductores del transporte público patoteros, verdaderos delincuentes, a los que no sólo habría que despojarlos de la licencia de conducir, sino encerrarlos, mandarlos presos. Este es un caso. Facundo Rocca escribió una carta que creo ha sido publicada por este diario y con la que coincido plenamente.

Candi II

candi@lacapital.com.ar

Comentarios