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Martes 12 de Febrero de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Martes 12

—Aclaro, en virtud de que el domingo se nos saltaron las vocales, que el Cristo de Dalí es "Il Cristo di San Giovanni della croce". Una obra impresionante. Ahora vamos al tema de hoy. Se ha preguntado usted, Inocencio, cómo suelen ser...

—Aclaro, en virtud de que el domingo se nos saltaron las vocales, que el Cristo de Dalí es "Il Cristo di San Giovanni della croce". Una obra impresionante. Ahora vamos al tema de hoy. Se ha preguntado usted, Inocencio, cómo suelen ser, en general, aquellos dirigentes que alcanzan los niveles preponderantes en el poder sea este público o privado. La respuesta a este interrogante, si la examina bien, nos lleva a comprender la razón de que exista en el mundo, y específicamente en nuestra tierra, tanta tristeza, tanta desgracia. Cuando militando en un partido político alcanzan cierto poder y desean encumbrarse apelan necesariamente, y por dictado de las reglas existentes, a intrigas, traiciones, competencia desleal, planes y estrategias sucias, compra de conciencias, mentiras y toda la pléyade de virus maliciosos.

—Temo para mí que sí, se les endurece el corazón, aunque hay excepciones.

—Por supuesto. Pero... ¿quiénes llegan con bastante frecuencia al poder de una nación o de una gran empresa? Aquellos que no han titubeado en destruir de diversas maneras al competidor o a quien pudiera significar un posible adversario de fuste y con probabilidades de sacarlos de la escena. Son estos conductores personas que no ansían el poder para el bien común, sino para el bien propio o de su grupo. Si algo hacen a favor de los conducidos es por la necesidad de votos o para impedir una revuelta que podría significar complicaciones para su autoridad, pero jamás esta casta hará algo por amor al prójimo.

—Es probable que así sea.

—Aquellos espíritus sensibles, aquellos que caminan por la calle y se conmueven ante un niño desamparado o un trabajador humillado, aquellos que ven a mujeres y ancianos tratados como cosas, esos que son capaces de llorar al ver un joven con deseos de formar una familia, pero imposibilitado de hacerlo por la falta de condiciones, esos jamás llegan al poder. ¿Por qué? Porque su propia naturaleza les impide aplicar el principio de que el fin justifica los medios. Y si se comprometen en la lucha y advierten los necios su justicia, son expulsados.

—Y por estos dirigentes así estamos. Son ciegos de espíritu, adoran a la nueva y falsa trinidad: dinero, poder y gloria. Ataviados con la casulla de la mentira y circundados con la estola de la traición veneran al "contradiós", ofreciéndole en holocausto en el altar negro a los hijos de la luz, esto es el pueblo, que entregan sin piedad. Pueblo sometido, humillado, conculcado, cuyos lamentos no ablandan los corazones de estos oscuros sacerdotes. Ellos, seguidores del que reina en la oscuridad, son hacedores de angustia, inyectores de soledad, desamparo e injusticia. Ellos, judas de todos los signos y todas las banderas, por corazón tienen un cerebro poseído que late según el brillo del oro y palpita con diabólico frenesí cuando con la negra magia de la estrategia política o comercial logran hacer saltar de pena el corazón del bueno en aras de una fétida y asquerosa ganancia. Hipócritas de toda hipocresía, suelen golpear sus pechos en el sagrado templo, mientras abaten miles de corazones que hubieran sido la sal de la tierra.

Candi II

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