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Domingo 27 de Enero de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Lunes 28

—Estamos contentos y agradecidos, porque entre el sábado y domingo los chicos encargados de recolectar medicamentos para el joven que tiene su salud comprometida y cuyos recursos son muy limitados recibieron muchos llamados. Vaya mi pedido de perdón y un gracias especial al señor titular del teléfono que fue publicado aquí el sábado...

—Estamos contentos y agradecidos, porque entre el sábado y domingo los chicos encargados de recolectar medicamentos para el joven que tiene su salud comprometida y cuyos recursos son muy limitados recibieron muchos llamados. Vaya mi pedido de perdón y un gracias especial al señor titular del teléfono que fue publicado aquí el sábado, pero que en realidad no era el número al que había que llamar. Llamados a este hombre, le explicamos lo que había sucedido y se tomó el trabajo de atender a todas las personas y derivarlas al número correcto.
—Sí, gracias a todos y de todo corazón. Hay gente maravillosa, ¿verdad, Candi?
—Sí, muchísima. Pero también hay mucha pena, mucho dolor, mucha angustia y es nuestro deber hacer algo, al menos algo, para mitigar un poquito “la pena de la pena”. No olvidemos aquello que es una verdad absoluta: El que salva a una vida salva a la humanidad y, en consecuencia, el que ayuda a una vida ayuda a toda la humanidad.
—¿Me dijeron que escribió una “carta al señor del espejo”?
—Sí una breve carta, con unas pocas líneas. A pedido de los chicos de www.serysociedad.com.ar, pero muy breve y tiene que ver con esto del llanto del ser humano y nuestro rol. ¿Pero sabe cuál texto es en realidad completísimo en cuanto a la idea de respecto a la verdad y el sentido de la vida?
—¿No, cuál?
—La conocida oración atribuida a San Francisco de Asís. Hace algún tiempo que quería publicarla. Creo que es propicia esta oportunidad: “Oh, Señor, hazme un instrumento de Tu Paz . Donde haya odio, que lleve yo el amor. Donde haya ofensa, que lleve yo el perdón. Donde haya discordia, que lleve yo la unión. Donde haya duda, que lleve yo la fe. Donde haya error, que lleve yo la verdad. Donde haya desesperación, que lleve yo la alegría. Donde haya tinieblas, que lleve yo la luz. Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto ser consolado, como consolar; ser comprendido, como comprender; ser amado, como amar. Porque es dando, que se recibe; Perdonando, que se es perdonado; Muriendo, que se resucita a la vida eterna”.
—Es dando que se recibe.
—Sí. Yo creo mucho (y lo he expresado en muchas oportunidades) en la ley de causa y efecto, de acción y reacción. En lo que se conoce como “medida por medida acrecentada”. Claro que esta ley no funciona, para nada, si uno la convierte en una transacción calculada.
—Explíquese.
—Si usted da, porque aguarda recibir, no sólo que no recibirá nada, sino que es probable que reciba algo de naturaleza contraria a lo que aspiró. Cuando se da se debe dar deseando sinceramente que no exista retorno. Por eso Aquel que fue enviado enseñó que a la mesa se debe invitar a los pobres de toda pobreza, a aquellos que luego de saciarse no podrán retribuir.

Candi II
(candi@lacapital.com.ar)

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