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Lunes 24 de Diciembre de 2007

Charlas en el Café del Bajo - Lunes 24

—Para cerrar hoy estas reflexiones con motivo de esta fiesta que celebra la cristiandad quisiéramos, si nos permiten, profundizar, apenas un poco, en la vida de este niño que, años más tarde, daría un mensaje maravilloso a la humanidad. Mensaje, debo decirlo una vez más y nunca será bastante, basado en el rico y sabio fundamento religioso y cultural judío.

—Para cerrar hoy estas reflexiones con motivo de esta fiesta que celebra la cristiandad quisiéramos, si nos permiten, profundizar, apenas un poco, en la vida de este niño que, años más tarde, daría un mensaje maravilloso a la humanidad. Mensaje, debo decirlo una vez más y nunca será bastante, basado en el rico y sabio fundamento religioso y cultural judío.

—Bien puede decirse, Candi, que en la vida de Jesús se resume la vida de cualquier hombre y la propia vida del mundo. En esta vida confluyen momentos de alegría, momentos de servicio, momentos de dar, enseñanzas y, también, momentos de tristeza, de profunda amargura, de gran dolor.

—Y de significativa soledad. Hay un instante en la vida de Jesús, previo a su muerte, en el que se encuentra absolutamente solo. Ni sus más allegados se juntan con él para orar. Y el punto culminante de esa pena y ese dolor lo alcanza un poco antes de su muerte, cuando siente, desde su humanidad, que hasta el mismo Dios lo ha abandonado. Pero quiero detenerme, sin caer en la tragedia, pues se festeja y no se llora esta noche, en tres circunstancias de este nacimiento. La primera de ellas es que el parto de María no se produce en un lugar confortable, ni rodeada de asistencia. Lucas en su Evangelio no habla de momentos gloriosos ni mucho menos. Dice que José había ido a Belén en razón del censo que había ordenado el emperador romano y que allí María dio a luz a su hijo, lo envolvió en pañales "y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón". Es decir, Jesús nace en una cama de paja y rodeado de animales. Muchos años más tarde esta situación no variaría, y el mismo Jesús quien durante su ministerio diría: "El hijo del hombre no tiene dónde reposar su cabeza".

—Estamos pues en la grandiosa enseñanza. La gloria y el verdadero poder no están determinados por la posesión. Y, además, no es el tener lo que determina la sublimidad, sino el "ser".

—La segunda circunstancia es que Dios dispone de que el anuncio del nacimiento fuera hecho no a los reyes y gobernantes, sino a unos simples pastores, a hombres del pueblo. Y aquí hay otra gran enseñanza que incluso sería una clara constante y orientación en la vida y el magisterio de Jesús: El compromiso con los pobres. Y no sólo con los pobres económicamente, sino con los despojados de todos los bienes: materiales, físicos, psíquicos y espirituales.

—Y hay también una tercera situación. Se ha dicho que los tres que fueron a adorar al niño eran reyes y magos. Mateo no habla de reyes, sino de magos. Y por magos debe entenderse a hombres sabios, conocedores de ciertas ciencias, y sabedores de que un nacimiento de semejante naturaleza iba a suceder en la historia del mundo. Y he aquí la tercera enseñanza: los sabios no adoran al reino de la tierra, sino al reino del espíritu. ¡Feliz Navidad para todos! Y ojalá que se produzca pronto otro nacimiento, otra vida, en cada uno de nuestros corazones.

—Que así sea.

Candi II

candi@lacapital.com.ar

 

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