Edición Impresa
Lunes 21 de Enero de 2008

Charlas en el café del bajo - Lunes 21

—Y otra vez estamos ante el misterio de la muerte. O, para mejor decir, ante el misterio de la vida. Hace poquitos días murió un amigo de esta columna, un hombre entrado en años, lleno de amor, pleno de fe y confiado en el advenimiento de un mundo mejor. Si digo que estoy hablando de “un soñador...

—Y otra vez estamos ante el misterio de la muerte. O, para mejor decir, ante el misterio de la vida. Hace poquitos días murió un amigo de esta columna, un hombre entrado en años, lleno de amor, pleno de fe y confiado en el advenimiento de un mundo mejor. Si digo que estoy hablando de “un soñador”, desde luego digo que este es un homenaje a don Alberto Gershanik. El último mail que nos enviara, publicado aquí, data de no hace muchos días atrás. En esa entrega que queremos reproducir en parte, nos decía algo muy conmovedor: “Hace algunos años yo exponía mis poesías en el Paseo del Bajo. Algunas de mis poesías llegaron a sus manos y me hizo saber que lo sorprendía mi edad, pues creía que eran de alguien más joven. Fue entonces que decidí salir a recorrer el mundo con una consigna: pedir por la paz y la alegría de vivir de todos los hombres sin importar su credo. Y realmente estoy feliz, porque siento que fui escuchado”.
  —Así es, en ese texto nos contaba que había andado por Cuba, por Israel, se fotografió con la policía palestina, visitó el Vaticano y países, como Turquía, Canadá, Alemania, Estados Unidos y en todos ellos dejó su mensaje. Un mensaje que es un sueño que el ser humano alguna vez, y definitivamente, hará realidad: sólo por el amor se logra la paz y advienen todas las demás virtudes que hacen de la existencia la verdadera vida. En ese texto que nos enviara, me parece a mí que Alberto presumía su último viaje. A poco de leerlo, se deduce que aún tenía deseos de hacer muchas cosas por aquí, más sin embargo la Voluntad Mayor lo requería allá, en esas regiones donde el espacio y el tiempo son volumen y medida sin sentido.
  —Dice su hijo en un mail que nos ha enviado: “Y se fue El Soñador. De la mano del Principito partió en busca del planeta en que lo aguarda ’su’ Rosa, la que se le adelantó 21 años... Con Juan Salvador seguirá buscando el vuelo perfecto, para demostrar que sí se puede hacer un mundo mejor si perseveramos lo suficiente”.
   —Hace ya algunos años, mi hija y mi esposa, caminando por las calles de la ciudad, obtuvieron de Alberto una poesía con la cual lo recordamos hoy: “Si para ser feliz es necesario/ conocer primero la amargura,/ tal vez yo esté pagando todavía,/ mi cuota de dolor/ con un final ignorado.
  —”Si para saber lo que es la luz/ hay que sumergirse antes en la sombra,/ tal vez se justifique el vivir hoy/ en plena obscuridad/ con un futuro incierto...
  —Y ciertamente, aquel futuro incierto, ese final ignorado del que habla Gershanik en su escrito, se tornó un presente cierto y un inicio conocido. Mensajes, entregas a modo de poemas, palabras conteniendo el fuerte y profundo deseo de aceptación, de justicia, de tolerancia, de paz entre los seres humanos. Esas palabras declamadas vinieron a ser luz. Y alguien expresará: ¿Para cuántos? ¿Acaso se ha cambiado algo en el mundo? Y yo responderé: es suficiente con que la obra despierte un corazón, para que haya regocijo eterno en todo el universo. De eso se trata, sólo de eso y todo está en eso.
  —En memoria de Alberto Gershanik.

 

Candi II
candi@lacapital.com.ar

Comentarios