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Lunes 18 de Febrero de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Lunes 18

—Cuando se ama, la ausencia del amado es cosa seria, es cosa preocupante, es cosa que se vuelve pena. —Hoy estamos románticos.

—Cuando se ama, la ausencia del amado es cosa seria, es cosa preocupante, es cosa que se vuelve pena.
—Hoy estamos románticos.
—Borges, en un poema que precisamente tituló “Ausencia” dijo esto: “Habré de levantar la vasta vida/que aún ahora es tu espejo:/cada mañana habré de reconstruirla./Desde que te alejaste,/cuántos lugares se han tornado vanos/ y sin sentido, iguales/ a luces en el día./Tardes que fueron nicho de tu imagen,/ músicas en que siempre me aguardabas,/palabras de aquel tiempo,/yo tendré que quebrarlas con mis manos./¿En qué hondonada esconderé mi alma/ para que no vea tu ausencia/que como un sol terrible, sin ocaso,/brilla definitiva y despiadada?/Tu ausencia me rodea/como la cuerda a la garganta,/ el mar al que se hunde”.
—¡Qué poema hermoso, pero que lleno de tristeza!
—Es la tristeza de la soledad del que ama y siente (y se resiente) con la ausencia del otro. En el poema Borges descubre, con toda sublimidad, esa nostalgia, esa tristeza de la soledad que, para mí, no llega a ser dolor.
—¿No es dolor?
—Es decir, no es un dolor profundo que tiene como consecuencia la tragedia, porque el amor de ningún modo es un sentimiento devastador aunque a veces parezca que con la ausencia del otro todo se termina. Yo no creo en aquello de que el amor provoca dolor definitivo. Claro, estarán aquellos que no coincidirán conmigo. Dirán, por ejemplo: ¡cuánto dolor amar y no ser amado! ¡Oh, cuánta pena. Ha partido y ya nada tiene sentido para mí! Yo creo que el verdadero amor es el que morigera la pena de la ausencia y es el que hace decir: ¡Habré de levantar la vasta vida!
—Pero reconstruir la vida cada mañana, cuando se ama y el ser humano se ha quedado en soledad no es tarea simple ni fácil.
—Pero es por la vía de esa tarea fatigosa, pesada, con mucha frecuencia amarga, que el ser va creando un camino hacia ese amor ausente. Un camino que lo devolverá, más tarde o más temprano, a ese estado natural del corazón o del espíritu. ¿Y cuál es ese estado? El estado de reposo en el amor. Porque el destino del ser humano no es la obtención de la riqueza, del poder, de la gloria, ni la consecución de las alternativas pasajeras que nos propone el mundo; el destino único y definitivo es el amor. Sabemos, claro, que las vanas luces muestran hoy otros puertos y el espléndido y formidable muelle ha sido ocultado por nubes negras y maliciosas, pero quien sabe apreciar la verdad buscará en las sombras hasta encontrar la verdadera luz. Lo demás, Inocencio, es el hundimiento en el vacío, es la perdición en la nada.
—¿Está seguro?
—Sí, yo lo sé, yo puedo dar testimonio de eso y seguramente muchos tendrán algo que decir al respecto. Pero para terminar, no debemos olvidar que las ausencias se producen por diversas razones, mas siempre la nostalgia es la expresión del amor que nos alienta a reconstruir la vasta vida para el definitivo encuentro con el amor.


Candi II
candi@lacapital.com.ar

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