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Lunes 10 de Diciembre de 2007

Charlas en el Café del Bajo - Lunes 10

—La distancia, Inocencio, la lejanía, genera tristeza entre aquellos que se aman. —Pues eso no es ninguna novedad.

—La distancia, Inocencio, la lejanía, genera tristeza entre aquellos que se aman.
—Pues eso no es ninguna novedad.
—Sí, tiene razón. La distancia, esa distancia que determina ausencia tiene un aspecto favorable: también es una forma de encuentro o de robustecimiento del afecto. Es sólo cuando uno está lejos del ser amado, es sólo con la ausencia, cuando se comprende la importancia de la presencia, cuando se entiende la relevancia de la otra persona en toda su magnitud.
—Sí, tiene razón, pero ¿por qué dice que la lejanía, la distancia no sólo es material o física? Abunde en eso.
—Porque en primer lugar la presencia física no es lo determinante, lo que verdaderamente es central es el espíritu, el encuentro de los espíritus. El ser humano tiene básicamente tres planos (espiritual, físico y psíquico), la presencia física es necesaria a los efectos de la comunicación psíquica que comprende palabras orales, miradas, gestos, que son manifestaciones materiales de la emoción. Por eso cuando la presencia material no existe, tampoco existen estas manifestaciones que sólo son imágenes de los sentimientos (proceso mental o psíquico). Pero, en mi opinión, esta manifestación psíquica no es sino, además, una señal del espíritu. Yo creo en lo que decía un sabio hace muchos años: El físico es el aparato con sus lámparas y transistores, el cerebro y su función la antena que recibe las señales de lo trascendente y central: el espíritu.
—¿Cree en eso?
—Absolutamente, y además creo que ese espíritu puede conectarse o no (lo decide el propio humano) con el espíritu supremo, o lo que se conoce como Dios. Por eso decía que el vínculo espiritual es lo importante y esa vinculación sólo puede realizarse mediante el puente del amor. Usted puede estar al lado de una persona físicamente, materialmente, pero al mismo tiempo puede sentir que está lejos, muy lejos. Ahora, y para terminar, cuando existe amor y se produce lejanía física, la distancia se siente no porque el vínculo espiritual se debilite, sino porque la persona se ve privada de observar las manifestaciones de éste que se realizan a través del proceso mental (psiquis) y la expresión corporal. No todos los hombres alcanzan una elevación capaz de reemplazar la ausencia física y psíquica con todo el potencial del espíritu.
—Creo haber comprendido.
—De todos modos, la moraleja es que sería mejor no esperar a la distancia, a la lejanía, a la ausencia, para comprender que es lo que verdaderamente importa en la vida.
—Bueno, hasta mañana.
Candi II
(candi@lacapital.com.ar)
 

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