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Jueves 03 de Abril de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Jueves 3

—Días atrás hicimos referencia aquí a las divisiones y desencuentros argentinos y al final de la columna nos preguntamos: ¿qué se puede construir así? El ingeniero César Cati envió, a propósito, una brevísima reflexión sobre la que es menester reflexionar...

—Días atrás hicimos referencia aquí a las divisiones y desencuentros argentinos y al final de la columna nos preguntamos: ¿qué se puede construir así? El ingeniero César Cati envió, a propósito, una brevísima reflexión sobre la que es menester reflexionar: "Estimado Candi: me permito responder: ¿qué se puede construir así? Nada. Y menos aún con discursos tipo dirigente estudiantil, fomentando la división, menos aún. Todo lo que estamos viviendo es el resultado de la falta de políticas a corto, mediano y largo plazo, y seguir montados en la coyuntura. En fin, fruto de la improvisación de la cual hemos alardeado los argentinos por años. ¿Cuántas veces hemos escuchado que con una pinza y un pedazo de alambre en este país se arregla cualquier cosa? Cordialmente Ing. César D. Cati".

—Y tiene razón, absoluta razón. Mire, hace algunos años contamos aquí una historia que escuchamos cuando éramos chicos, es decir hace muchos años. Estábamos en una mesa familiar y alguien dijo: "Los mecánicos argentinos son los mejores del mundo. Los yanquis y los europeos cambian todo el motor, nosotros aquí sabemos arreglarlo. Esta fanfarronería argentina es una de las cosas que nos llevó a tremendo desastre. Nunca se pensó, aquí, que la etapa de la reparación en otros países la habían superado no por desconocimiento, sino precisamente por gran desarrollo. Esto no significa que en Argentina no hubiera mecánicos excelentes. Fangio, por ejemplo, ganó en Rosario a los bólidos europeos con un auto construido en su taller y eso lo llevó a Europa, a su fama y gloria. Pero una cosa nada tiene que ver con el pensamiento clásico argentino, esa viveza criolla mal usada, esa "canchereada" del que supone sabérselo todo y ese resentimiento entre propios tan nefasto.

—A propósito de divisiones, y como ejemplo, sabe usted que estuvieron en Rosario, e invitados por la Fundación Libertad, el escritor Mario Vargas Llosa y ex presidentes de otros países tales como Aznar, Fox, entre otros.

—Así es.

—Pues bien, me ha dicho un agudo observador de la escena argentina, un hombre con gran sentido común y que nos ha adelantado muchas de las cosas que con el tiempo sucedieron, que los funcionarios socialistas no concurrieron a la ceremonia o acto central. Las sillas reservadas a las autoridades quedaron vacías. Me decía este hombre, y con razón, que semejante desplante no sucede en otras partes del mundo. Más allá de que se pueda estar de acuerdo o no con el ideario de la institución organizadora del evento y con el de sus invitados, eso que llamamos decoro, protocolo e incluso encuentro en puntos comunes para el desarrollo, no puede estar ausente.

—Pero Candi, un funcionario se debe a todos.

—Pero, más allá de esta cuestión, aún subyace en el corazón argentino ese veneno que tanto mal nos ha hecho, esa controversia devenida en odio cuando no en venganza.

—Como dijimos hace poquito: Vive en el corazón argentino, para mal de todos y el bien de ninguno, el odio visceral entre federales y unitarios, centralismo y federalismo, peronistas y antiperonistas, azules y colorados, laica o libre, vida o muerte. En fin... pero un español dijo hace algunos días, al hablar de la realidad argentina en un foro europeo: "Pues cada pueblo posee los gobiernos que ha merecido".

Candi II

candi@lacapital.com.ar

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