Edición Impresa
Jueves 03 de Enero de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Jueves 3

—Tenía pensado referirme hoy a varios temas contenidos en una carta que me envió la presidenta comunal de Acebal, la señora Mirta Mansilla, una joven mujer con ganas de hacer cosas por esa población y por la región, pero acabo de ver por televisión a una mamá, Patricia, cuyo hijito de tres años murió en los primeros minutos del año como consecuencia de una bala perdida.

—Tenía pensado referirme hoy a varios temas contenidos en una carta que me envió la presidenta comunal de Acebal, la señora Mirta Mansilla, una joven mujer con ganas de hacer cosas por esa población y por la región, pero acabo de ver por televisión a una mamá, Patricia, cuyo hijito de tres años murió en los primeros minutos del año como consecuencia de una bala perdida.
—Mañana publicaremos la carta de la presidenta comunal de Acebal que, de paso lo digo, tiene muchos proyectos para esa localidad.
—Prosiguiendo con el tema de hoy, recordaré que esta mamá, docente, joven, estaba festejando el advenimiento del nuevo año con su familia y con su único hijo y, de pronto, una bala perdida impactó en el pequeño matándolo de inmediato. No es necesario pensar demasiado para concluir en que la verdadera causa de la muerte del pequeño fue la realización de disparos al aire que realizó algún... ¿cómo definirlo: asesino, estúpido, extremadamente bruto, perverso? Creo que a las personas que de forma tan brutal e insensata hacen disparos al aire como forma de festejar algo en realidad les corresponden todos esos calificativos y muchos más.
—Lamentablemente, Candi, estas desgraciados episodios no cesan a pesar de que suman cientos las víctimas en los últimos años como consecuencia de estas prácticas nefastas.
—Yo pasé los últimos días del año en casa de mi hija, muy cerca del centro, y debo decir que, increíblemente, en esa zona escuché de manera patente disparos de armas de fuego. Casi con seguridad de una pistola automática. El sonido de un arma de fuego es inconfundible.
—¡Increíble!
—Y supongo que muchos vecinos de otros puntos de la ciudad habrán escuchado también disparos. Parece que algunos no acaban de comprender el tremendo daño que pueden causar, irreparable, con tales actitudes. Para una familia un momento de alegría, de festejo, de buenos augurios, puede tornarse en un drama por culpa de un idiota que no tiene mejor idea que tomar un arma de fuego y comenzar a disparar. Disparar sin que le importe que con tal acción puede terminar con la vida de una o varias personas. Esta chica, Patricia, como es lógico, estaba destrozada. ¡Imaginen lo que significa para una madre perder a un hijo!
—Y de una forma tan inesperada como repudiable.
—Apenas podía mantenerse en pie para pedir justicia y solicitar que se adopten medidas que eviten que se sigan produciendo este tipo homicidios, porque son homicidios. Impedir la existencia de personas que actúan tan insensatamente es poco probable, algo difícil, pero sí es factible realizar campañas tendientes a que se tome conciencia sobre ciertas actitudes que ponen en peligro la vida y los bienes de los demás. Sí es posible hacer que todos piensen un poco y atenuar estas consecuencias. Es necesario insistir en no tener actitudes que conllevan el perjuicio del otro. Esto vale para el ámbito del tránsito, de las adicciones, de las salidas a los boliches y en general para todas aquellas circunstancias en donde una actitud irresponsable puede costarle la vida a otro ser humano.

Candi II
candi@lacapital.com.ar

Comentarios