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Jueves 27 de Marzo de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Jueves 27

—Las circunstancias obligan a continuar con el tema. Los que nos han seguido a lo largo de estos años han advertido nuestras discrepancias con el actual gobierno nacional, nuestras críticas a veces de algún modo furibundas.

—Las circunstancias obligan a continuar con el tema. Los que nos han seguido a lo largo de estos años han advertido nuestras discrepancias con el actual gobierno nacional, nuestras críticas a veces de algún modo furibundas. Pero lo que no haremos jamás, al menos conscientemente, es borrar con el codo lo que escribimos con la mano. A pesar de las críticas y de los anónimos, a esta altura de lo vivido y padecido no renunciamos a los principios ni a las creencias. Siempre manifestamos que los piquetes, en tanto y en cuanto dificultaban la vida de los demás ciudadanos, eran intolerables. En estos días, además, hemos sido claros en nuestra opinión: no compartimos los piquetes montados sobre ruedas, mientras hay argentinos, niños, jóvenes, adultos y de la tercera edad, sepultados en el hambre, la desocupación, la vida indigna sin que nadie se haya acordado de ellos jamás. Y conste que no hablamos sólo de las clases más desprotegidas, más pobres, hablamos de la clase media pues sé muy bien del pesar de muchos papás cuyos hijos no tienen destino. No puedo olvidar, además, que cuando se devaluó el peso argentino para que se beneficiara el campo y cuando se adoptaron otras medidas económicas, fue esa clase media la que soportó (como siempre) el cimbronazo. Y con mis cerca de 60 años, no olvido que fueron históricamente los grandes terratenientes y operadores económicos (y excluyo con énfasis a los pequeños productores) los que pergeñaron entre gallos y medianoche, golpes de Estado y manipularon la economía argentina a su antojo y para su bien, pero jamás para bien del pueblo. Y como en ediciones recientes, vuelvo a preguntarme: ¿quiénes son, en realidad, los que se han subido a esta ola que puede llevar al país al desastre? Desligo la responsabilidad que tienen los chacareros que trabajan de sol a sol y a los que el gobierno les debe una respuesta si sus emprendimientos no son rentables, pero desde mi experiencia política y periodística no puedo dejar de advertir sobre el peligro que implica que los conocidos de siempre se monten en la cresta y generen un golpe institucional que sería dramático para este país. Aquí hay 400 señores que manejan el país desde detrás del biombo y quieren seguir manejándolo, pero no para el bien de todos, sino para el bien de ellos. Si se les permite, el ciudadano común argentino será nuevamente aplastado y nuestros hijos estarán condenados. El actual gobierno es intolerante, es absolutista, no distribuyó la riqueza apropiadamente, es un gobierno abolicionista que no resuelve la cuestión del delito, es un gobierno nostálgico y lleno de resentimiento, es cierto, pero me parece patético y suicida que por despecho, por diferencias políticas, por antipatías, la clase media se embarque en un proyecto que no le servirá y que sí servirá a los fines de los conocidos de siempre, entre los que se deben encontrar, sin duda, políticos hasta del mismo signo que el del gobierno. Es hora de exigir políticas serias para las clases más desprotegidas y para la clase media, pero sin hacer el caldo gordo a quienes históricamente se han olvidado de ellos. El reclamo del pueblo debe ser, para mí, que la riqueza acumulada se distribuya equitativamente, que se fomenten inversiones y que se les ponga freno de una vez y para siempre a quienes, con condiciones indignas de trabajo (si lo tienen), maltratan al ser humano argentino.

Candi II

candi@lacapital.com.ar

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