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Jueves 24 de Abril de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Jueves 24

—Es menester reconocer y advertir, al hablar de la problemática del ser humano posmoderno, que la degradación de valores, de la cultura y esos males que en él se encarnan no son propios o exclusivos, por así decirlo, de sociedades subdesarrolladas o periféricas como la Argentina. De ningún modo.

—Es menester reconocer y advertir, al hablar de la problemática del ser humano posmoderno, que la degradación de valores, de la cultura y esos males que en él se encarnan no son propios o exclusivos, por así decirlo, de sociedades subdesarrolladas o periféricas como la Argentina. De ningún modo.

—Los países adelantados también tienen lo suyo, ¿verdad?

—Claro, si echamos una mirada sobre el mundo de los últimos años advertiremos no pocas actitudes nefastas.

—Sólo por mencionar algunas, recordemos hechos violentos como las dos guerras en las que se involucraron países de Europa, Norteamérica y Japón. Recordemos la brutalidad de arrojar dos bombas atómicas sobre otras tantas ciudades, en donde cientos de miles de inocentes pagaron las consecuencias de una actitud que no podemos definir, porque no hay palabras para definir tal hecho.

—Sin considerar, por otra parte, el Holocausto al que tantas veces nos hemos referido.

—Observemos el terrorismo en España de hoy y consideremos una cultura europea o norteamericana sorprendente, en donde las más abyectas aberraciones de la conducta humana son consideradas algo regular, corriente, ajustado a lo aceptable. La droga, por ejemplo y otros males que el lector conoce muy bien. Es decir, cuando nosotros aquí decimos que ciertas cosas no ocurren en otras partes del mundo, no estamos diciendo que tales grupos sociales carecen de males, que son lo perfecto, lo ideal, de ningún modo.

—¿Entonces?

—Entonces que el problema es que mientras nosotros también padecemos los mismos males que ellos, les añadimos un plus que hace la vida del ser humano argentino difícil, hartamente difícil. Y el lector puede repasar todos los problemas que tantas veces hemos apuntado, incluso ayer mismo, y que todos conocen.

—Ahora, Candi, usted dice que nosotros también padecemos males comunes a los grandes países. Pero en realidad nosotros no tuvimos guerras.

—No de las características de las grandes guerras, pero sería bueno que alguien se tomara el trabajo de realizar una estadística sobre la cantidad de argentinos muertos en revoluciones, represiones, accionar terrorista, Guerra de Malvinas, etcétera. Y no sólo me refiero a la muerte física, no. ¡¿Cuántas cosas han muerto en esta Patria en los últimos 80 o 100 años?! Señores, dejemos ya la hipocresía y digamos que en los últimos días, por ejemplo, varias personas han perdido la vida como consecuencia del atentado del humo. Personas inocentes, que conducían un vehículo murieron. Varias familias quedaron sumergidas en la desesperación porque hay terroristas en estos días que están provocando este repudiable atentado. ¿A quién podrán engañar diciendo que son quema de pastizales para mejorar la tierra? Hay algo más. Por otra parte: ¿quién se entera de los argentinos que están muriendo desnutridos, tuberculosos, en el norte? Esos son hechos violentos, sin ninguna duda. A todo esto, deben soportar los argentinos de buena voluntad el desorden, la corrupción, la impunidad, la exacción estatal, la injusticia, en fin... Hasta mañana.

Candi II

candi@lacapital.com.ar

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