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Jueves 24 de Enero de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Jueves 24

—Aquellas personas de viejas generaciones que aún perduran y de las nuevas moldeadas en el noble viejo horno deberán reflexionar sobre la necesidad de no medir las acciones de los “nuevos” hombres con la vieja y translúcida regla moral, pues corren el riesgo de ser condenados y abochornados...

—Aquellas personas de viejas generaciones que aún perduran y de las nuevas moldeadas en el noble viejo horno deberán reflexionar sobre la necesidad de no medir las acciones de los “nuevos” hombres con la vieja y translúcida regla moral, pues corren el riesgo de ser condenados y abochornados, sea por la nueva cultura social como por esta nueva y vulgar estructura judicial, política y demás.
—Bueno, bueno, bueno, pare un poquito.
—Aquí la degradación de los valores es tal que apabulla a la mente, no digo santificada sino ajustada a los valores que cierta filosofía jasídica llama “la del hombre intermedio”, es decir aquel que no siendo justo tampoco es un malvado y corrompido. No me referiré a las cuestiones penales en las que, por ejemplo, el delincuente entra por una puerta y gracias a las normas legales vigentes y a las consideraciones de algunos jueces abolicionistas que desentonan hasta la calamidad con la realidad del ser social argentino, salen por la otra.
—Los casos de violaciones, por ejemplo. Los garantistas argentinos se opusieron “por considerarlo discriminatorio” a un banco de ADN para seguir las andanzas de personas que jamás se recuperarán (como lo sostienen casi todas las escuelas científicas del mundo). No quiero irme por las ramas, pero recientemente una persona especializada en el tema me decía que las mujeres víctimas de abusos y violaciones son cada vez más, pero este delito muchas veces no se denuncia por las consecuencias de la exposición pública y porque las víctimas tienen asumido que el violador pasará la prueba judicial satisfactoriamente.
—Y qué quiere. Hay jueces que hablan de la devastación que provocan ciertos males en los jóvenes y después dicen que se van a “timbear” a los casinos. ¡¿Es serio?! Un juez antes preservaba y cuidaba su imagen, ahora... Y hablando de timba: ¿algún funcionario provincial conocerá la ruta de la timba clandestina santafesina, con paraguas especial de alta capota? ¿Vio la película “Durmiendo con el enemigo”, Inocencio? ¿O alguien conocerá la historia del tanquecito recaudador de mata bichos?
—No, no, no, no. Yo me voy. Siga con el tema, por favor. ¿¡No es usted mismo el que dice que hay que cuidarse de las mediciones con...!?
—Pero nosotros ya estamos jugados, Inocencio. A mí que me inventen y me digan lo que se les cante. Al único que le temo a esta altura de mi vida es al Supremo. Pero le decía que los valores hoy muchísimas veces son disvalores, la moral en realidad no lo es y por tanto es amoral y en muchas ocasiones se vuelve inmoralidad. El que se asombra y reacciona ante los actos amorales e inmorales y pretende justicia debe saber que corre el cierto riesgo de ser, como dije, abochornado por vía de la falsa acción o imagen pergeñada para acallarlo. Además es usual: alguien se alarma y reacciona por una acción que se ajusta al “nuevo orden”, y que considera equivocada, y prontamente un coro de abucheos lo condena. Y lo condena con epítetos que van desde la “añeja y oxidada consideración” hasta el directo, burdo y denigrante “viejo p......”.
—Y bue...

Candi II
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