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Jueves 21 de Febrero de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Jueves 21

—Algunas personas, especialmente algunos empresarios, operadores económicos, financieros, no comprenden bien que es eso de la teoría del flujo y reflujo o del ir y venir. Han estudiado todas las formas de negocios, las leyes del mercado; han inquirido en principios económicos, pero han perdido de vista el gran principio que está presente en todo el universo.

—Algunas personas, especialmente algunos empresarios, operadores económicos, financieros, no comprenden bien que es eso de la teoría del flujo y reflujo o del ir y venir. Han estudiado todas las formas de negocios, las leyes del mercado; han inquirido en principios económicos, pero han perdido de vista el gran principio que está presente en todo el universo.

—¿Cuál es ese principio?

—Al flujo corresponde un reflujo, cuando se entorpece una de estas acciones se quiebra el orden natural y algo se complica. Puede parecer que el impedimento del libre juego de este principio trae beneficios y esto hasta es posible que ocurra en determinada medida, pero al fin la imposibilidad del movimiento perjudica al ser humano. ¿Y por qué hablo de operadores económicos y financieros? Porque en el mundo son, en general, los que han impedido la libre acción del mencionado principio. Han puesto el acento en las ganancias y el acaparamiento para la acrecencia, pero no han distribuido parte de las utilidades entre los menos capaces para hacer riquezas. La avaricia, la mezquindad se ha apoderado de ellos. Creen, claro, que el propósito se cumple con la acumulación de bienes materiales sin importar, para la consecución de ello, el destino de los otros seres. Más tarde o temprano descubren que eso era falso ¿Y cómo lo descubren? Por el pago indemnizatorio que deben realizar a la vida por haber impedido, insensatamente, el flujo y reflujo.

—¿Cómo lo pagan?

—De diversas formas. Esto puede mover a risa, pero quienes han estudiado y seguido de cerca las vidas de ciertos personajes saben que de risa nada tiene. La caridad, la verdadera caridad y no "el compromiso de la limosna", está bastante ausente de la vida de ciertos seres humanos. Hay una hermosa historia narrada por el reconocido y famoso religioso Menajem Mendel Schneerson, a quien visitaban ilustres personalidades de la vida pública de todo el mundo, a los efectos de pedirle consejo sobre distintas cuestiones. Una vez lo visitó un gran empresario preocupado porque las cosas no le marchaban bien, las ganancias se habían reducido. Pidió entonces al religioso un consejo. Este le preguntó: "¿Cuánto de tus ganancias das en caridad?". El hombre avergonzado le respondió que nada. Luego vino el consejo del sabio: "Haz a Dios tu socio, contribuyendo con un diez por ciento de tu ganancia para caridad. Dios, como cualquier buen socio, hará todo lo que esté en su poder para asegurar que a la empresa le vaya bien".

—Jamás escuché principio económico de carácter más verdadero que ese.

—Muchos no lo entienden, algunos sostienen que son patrañas, pero los ricos felices, los que tienen paz interior, si usted los observa, son aquellos que comprenden que nada les pertenece y que todo les ha sido prestado para que lo administren con justicia, y actúan en consecuencia. Y esto vale, lo aclaro, no sólo vale para los de buen pasar económico, sino para todas las personas.

Candi II

candi@lacapital.com.ar

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