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Jueves 20 de Diciembre de 2007

Charlas en el Café del Bajo - Jueves 20

—Hace unos días, conversando con una persona que acaba de llegar de Valencia, España, y comentando aspectos de su viaje, me relató una experiencia, algo que observó y que la impresionó gratamente.

—Hace unos días, conversando con una persona que acaba de llegar de Valencia, España, y comentando aspectos de su viaje, me relató una experiencia, algo que observó y que la impresionó gratamente. El hecho es que pudo comprobar que en un hotel importante de esa ciudad española habían contratado a un joven con problemas neurológicos y por tanto con capacidades distintas. El chico en cuestión, afectado al área de repostería de la empresa, al poco tiempo fue felicitado por la gerencia por su excelente desempeño y ello motivó que la compañía piense en lo inmediato contratar a más personas con capacidades diferentes.
—En Europa hay otra mentalidad con relación a este tema, Candi.
—Sí, es cierto. Sin embargo, en nuestro país, y en la ciudad de Rosario, también hay empresarios maravillosos que han comenzado a advertir que aquel que tiene capacidades distintas tiene precisamente eso: capacidades distintas y que ello, lejos de convertirlo en persona no útil, es alguien no solamente superior probablemente en cuanto a capacidad de trabajo y resultado, sino que es una persona poseedora de cualidades, sentimientos y virtudes más elevados a quienes somos “normales”. Con frecuencia nosotros, los supuestamente normales, somos los verdaderos discapacitados.
—Absolutamente cierto.
—En este marco, deseo destacar la actitud de los propietarios del bar Barrancas, ubicado en calle Wheelwright y Dorrego, quienes hace un tiempo han contratado los servicios de un joven que tiene síndrome de Down. Una apreciada amiga, que es moza de ese bar, me ha dicho que el desempeño de este chico es excelente.
—¡Qué lindo que sucedan estas cosas!
—Este muchacho forma parte de un grupo de diez jóvenes quienes, luego de realizar un curso de gastronomía, han comenzado a ser contratados también por otros bares o negocios gastronómicos. Creo que forman parte de un plan en el que, naturalmente, existen profesionales y psicólogos que monitorean todo lo vinculado al accionar de contratados y contratantes. Los resultados son sorprendentes y reconfortantes.
—Un testimonio de todo lo que puede ser y hacer el hombre por sí mismo y para los demás.
—Esto me lleva a exhortar a los comerciantes, empresarios y hombres de negocios a que cuando requieran personal tengan muy en cuenta la doble ventaja que tiene contratar a una persona con capacidad distinta: por un lado se pone fin, justamente, a una discriminación aberrante y repudiable que tanto daño causa y por otro lado se consiguen resultados excepcionales en cuanto a rendimiento.
—Sin ánimo de ofender, digo que algunos empresarios deberían dejar de lado de una buena vez su “discapacidad”, ¿no?
Candi II
(candi@lacapital.com.ar)

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