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Jueves 14 de Febrero de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Jueves 14

—Antes de leer la carta de Mario, quiero decirle a un buen amigo invisible que el cuadro de Miguel Angel "La creación" se encuentra ya entre las cosas más preciadas que poseo. ¡Hay gente tan maravillosa!

—Antes de leer la carta de Mario, quiero decirle a un buen amigo invisible que el cuadro de Miguel Angel "La creación" se encuentra ya entre las cosas más preciadas que poseo. ¡Hay gente tan maravillosa!

—"Hola Candi: yo soy Mario, al que alguna vez tuviste la gentileza de reproducir sus cartas. Hoy, pegado a tus hermosas entregas del viernes y sábado anterior, te digo mi modesta opinión acerca de la soledad. Definición del diccionario de la Real Academia: Soledad: del latín "solitas-tatis", carencia voluntaria e involuntaria de compañía. Pesar, melancolía que se siente por la pérdida de alguna persona o cosa". También está Soledad, la de Barracas, y la famosa danza andaluza que lleva su nombre, pero de éstas no nos ocuparemos ahora. En la última película que cuenta la vida de Edith Piaf, la periodista en un pasaje le pregunta: "¿Edith, le tenés miedo a la muerte?". "No —responde—, le tengo miedo a la soledad". Por ello usted menciona que un corazón afligido es producto de la soledad. Fíjese que todos decimos: qué buen corazón que tenés, pero nunca increpamos diciendo: ¡sos una persona de mal corazón! Nosotros hablamos con el corazón, pero decimos lo que nos ordena el cerebro y la razón es la de los justos. El Señor nos dio la vida y nos puso de jueces implacables para vencer la corrupción, el odio y otras yerbas, pero nos enseñó amarnos con el cuerpo y con el alma, predicar con el ejemplo y vivir para servir al prójimo en las buenas y en las malas. Fíjese, Candi, que en las buenas todos se nos acercan y te ven como un ícono de entre casa, en las malas te ignoran los que no te aman, porque no te supieron valorar. Hasta pronto Candi y adelante, aunque vengan degollando".

—¡Ah Mario!, ¿qué decir? Qué buena respuesta la de Piaf: "Le tengo miedo a la soledad". ¿Pero a qué soledad pueden temer los que están próximos a partir? ¿A la propia o a la de aquella aguda, punzante, casi mortal en cierto aspecto, que queda en los seres amados? Por eso yo siempre pido, como especial deseo a quienes me aman, que tras mi partida no me lloren, ni estén tristes, ni se den por vencidos jamás. Como dice usted Mario: que sigan adelante, aunque el mundo y sus cosas vengan degollando. Y después está lo otro, eso referido a que en las buenas todos se nos acercan y en las malas nos ignoran aquellos que no nos aman. Tal parece que es así. De todos modos pienso que así como sabemos que habrá en la vida momentos de alegría y momentos de dolor, así también debemos aceptar que habrá seres gratos e ingratos y estos últimos no nos deben afligir con sus acciones. El universo se compone por pares de opuestos y en esta realidad se asienta toda la creación. Por eso dice el Eclesiastés que todo tiene su tiempo bajo el sol: Su tiempo el amar, y su tiempo el odiar; su tiempo la guerra, y su tiempo la paz. Y todo el tiempo y todas las cosas transcurren entre pares de opuestos. Si nos detenemos a meditar un poco más, veremos que hasta Dios tiene un opuesto que es el mal o Satanás, como le llaman algunos. Y hay también salvación y perdición, plenitud y vacío. Yo creo que al fin la soledad y el vacío son vencidos por quien se encuentra a sí mismo y encuentra a Dios. Aun cuando nos odien, aun cuando nos dejen en el medio del oscuro desierto solos, como al personaje bíblico José, debemos comprender y perdonar. Me costó muchos años y sucesos comprender esto. Sería imperdonable que renunciara ahora a esa verdad.

Candi II

candi@lacapital.com.ar

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