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Jueves 13 de Diciembre de 2007

Charlas en el Café del Bajo - Jueves 13

—Un profesional me ha enviado una carta a propósito de la columna sobre educación que publicáramos en estos días. Es muy interesante.

—Un profesional me ha enviado una carta a propósito de la columna sobre educación que publicáramos en estos días. Es muy interesante.

—"Estimado Candi: en este país, lo único que se considera inversión es aquella realizada en bienes de capital, pero no se tiene en cuenta para nada el capital humano (esto me hace acordar a la actitud de ciertos empresarios que sostienen que capacitar es gastar, cuando en realidad es invertir en capital humano.) A mi manera de ver las cosas, además de los responsables que mencionas, buena parte de responsabilidad la tienen las autoridades de colegios, institutos, que no quieren problemas con padres de educandos y con los mismos alumnos. En consecuencia bajan los niveles de exigencia. Y no hablemos de algún instituto privado donde más de un educador fue reconvenido, por la dirección por su nivel de exigencia, con el argumento que se debe defender la fuente de trabajo ¿Un poco duro no? Creo que en este país hay que hacer una reingeniería de valores (para usar una palabra de moda en los "90), y en todos los ámbitos asumir las responsabilidades del caso. Y doy como ejemplo de lo que digo dos casos recientes y muy desgraciados: Cuando la directora del Superior de Comercio dejó libre a los estudiantes por haber c....o el Colegio, el padre de uno de ellos recurrió a la Justicia por un recurso de amparo. Afortunadamente, hubo un juez sensato que no hizo lugar, según leí en algún medio periodístico. El otro caso es referente a los daños al teatro El Círculo, provocado por alumnos irresponsables, siendo la única actitud que trascendió que los padres pondrían dinero para reparar los daños. Hasta donde sé no hubo ninguna disculpa pública hacia los contribuyentes que pagamos puntualmente nuestros impuestos, con parte de los cuales se remodeló este teatro. Hay países que fueron destrozados por la guerra y resurgieron en base a sus valores morales; acá apenas hay una recuperación de una crisis económica y se vive en ciertos estamentos una euforia de triunfalismo, cuando hay mucho por hacer".

—Coincido y resumo mi opinión. Respecto de los padres, Jaime Barylko escribió un libro interesante hace algunos años sobre el miedo que los padres tienen a educar a sus hijos. Hoy ya no es sólo miedo, sino indiferencia en muchos casos por la suerte del hijo y esto como consecuencia de un perfil socio-cultural que se fagocitó el verdadero rol de padre y está destruyendo a la familia. En cuanto a docentes, hay algunos que de ningún modo están capacitados para interactuar con niños y adolescentes y mucho menos para formarlos; hay establecimientos educativos que de vocación por la enseñanza nada y de comercial todo y hay gobernantes a los que pareciera convenirles una masa ignorante. Hay una degradación de valores tremendo. El ser humano de este tiempo (no todos, por supuesto) ha sido anestesiado, puede leer la noticia más horrenda sobre el destino del ser o de la humanidad y no se inmuta, lo asimila, lo acepta como algo normal. En cuanto a esa euforia a la que alude, es propia de una sociedad que acepta el barro como un éxito luego de haber vivido en el estiércol. Es la misma sociedad (parte de ella, aclaro) que tampoco se conmueve ante tantas personas que siguen entre la basura.

Candi II

(candi@lacapital.com.ar)

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