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Domingo 23 de Diciembre de 2007

Charlas en el Café del Bajo - Domingo 23

—Celebramos mañana, desde el anochecer, el día de tu nacimiento. Celebramos el día en que comenzó una nueva era, para una gran parte de la humanidad, signada por tu maravilloso mensaje.

—Celebramos mañana, desde el anochecer, el día de tu nacimiento. Celebramos el día en que comenzó una nueva era, para una gran parte de la humanidad, signada por tu maravilloso mensaje. Mensaje para la salvación del alma y para la vida digna. Recordamos que afirmaste que allí donde hubieras dos en tu nombre, allí estarías en medio de ellos para siempre. Y he aquí que nos reunimos en tu nombre, hoy, para disculparnos, porque durante mucho tiempo nos olvidamos de vos al olvidarnos de nuestro prójimo. Y nos hemos olvidado cuando fuimos indiferentes ante el dolor del otro, cuando fuimos mezquinos, cuando no nos comprometimos con una vida de servicio, cuando malgastamos el tiempo en cuestiones efímeras, vanas, insustanciales. No es necesario que las enumeremos, pues vos las conocés absolutamente. Sin embargo, muchas veces fuimos considerados y bendecidos, no por nuestras virtudes (que no las tenemos) sino por tu perfecto amor.

—Vos sabés bien que en esta Navidad habrá mucha gente feliz, contenta por el encuentro con sus seres queridos y porque las circunstancias en la vida les son favorables. Nos alegramos por ellos, pero no podemos olvidar que también habrá gente triste, tal vez muy triste. Por eso nuestra alegría está muy limitada. Te pedimos por ellos, que les des la posibilidad cierta de que puedan superar las adversidades y si ello no es posible, en razón de la ley que rige el universo, te rogamos que les concedas la fuerza suficiente para soportar el momento.

—Especialmente te pedimos que nos des sabiduría y fuerzas para que nosotros nos mezclemos entre esa gente apenada para, de algún modo, ayudar en todo aquello que nos sea posible. Mezclarnos entre esa gente sin tener en cuenta, ni remotamente, ideas, creencias, clase social o raza. Mezclarnos (a veces con el simple pero grandioso acto de una oración) para ayudarlos sin considerar si son amigos o enemigos, si nos aman o nos odian. Mezclarnos sin aguardar ninguna recompensa, de ningún tipo que sea, teniendo en cuenta que ellos, al fin y al cabo, somos nosotros.

—En esta Navidad, también, te pedimos por la paz de los espíritus de aquellos que ya no están aquí y por la paz de aquellos que quedaron y que los recuerdan con nostalgia.

—Te pedimos que te reveles en el corazón del que padece soledad, que nos concedas fe en la adversidad, esperanza en medio de la desazón.

—Te rogamos, en fin, por los desprotegidos y apenados, para que tu espíritu se derrame sobre ellos, pero también te pedimos por los exitosos y felices, para que abran su corazón a los de abajo.

—Te pedimos que impulses pronto sobre la faz de la Tierra un nuevo orden basado en el amor; porque del amor descienden todas las virtudes que harán al ser humano superior y comprometido con un mundo armonioso, puro, justo y en paz.

—Te pedimos que mañana, antes de brindar, en todas las mesas que sea posible haya un instante de recogimiento para pedir por los sufrientes.

—En vísperas de la recordación de tu nacimiento, escribimos este Candi para vos, admirado Jesús, luz, camino, verdad y vida.

Candi II

candi@lacapital.com.ar

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