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Domingo 16 de Marzo de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Domingo 16

—Uno de estos días quiero escribir algo sobre la niñez, la cultura de la figurita y el barrilete hecho con engrudo (cultura a la que pertenezco) y esa otra cultura, tan de nuestros días, de la play station y de los jueguitos digitales o electrónicos.

—Uno de estos días quiero escribir algo sobre la niñez, la cultura de la figurita y el barrilete hecho con engrudo (cultura a la que pertenezco) y esa otra cultura, tan de nuestros días, de la play station y de los jueguitos digitales o electrónicos. Me pregunto si estas nuevas formas lúdicas son buenas o malas para el desarrollo de nuestros chicos. Alguien me dirá que no se puede medir la cuestión en esos términos y que más apropiado sería preguntarse si contribuyen al crecimiento intelectual o no. Pues la verdad yo creo que hay que hablar de bueno o malo.

—¿Era bueno jugar a las figuritas apoyándolas sobre la pared y tratar de derribar las del adversario con una piedra o un bolillón?

—Le diré que no era un juego realizado por un chico solitario, como proponen los digitales de hoy, que sólo brindan como compañía a una imagen electrónica que no siempre es un ejemplo. El de las "figu" era un juego de un grupo humano que tenía todo un rito. El rito comenzaba, por ejemplo, con la búsqueda, con algún amigo, de una piedra especial que sirviera a las exigencias del juego. Muchos lectores de mi generación, por ejemplo, recordarán que aprendimos a moldear el plomo haciendo bolillones para ese juego. Pero detrás de estas tareas había charlas, intercambios, sociabilidad. Y, por supuesto, había discusiones y hasta peleas durante el juego. El que ganaba contento y el que perdía amargado, pero pensando cómo iba a recuperar las "figu" perdidas. Es decir, había un plan estratégico. Pero este no era el único juego, por supuesto, había trompos, remontadas de barriletes hechos por uno mismo. Habrá quien se acuerde de que "el empachado" perdía. Se necesitaba cierta destreza para el armado del artefacto volador.

—Habla sólo de los hombres.

—Lo mismo podría decirse de las chicas. El juego de las muñecas, de las amas de casa. Algunas confeccionaban hasta sus propias muñecas y hacían suerte de concursos.

—¿Y los chicos de hoy?

—A mí me parece que los chicos de hoy, en materia de juegos, han sido arrojados a la caldera de la soledad. Es la persona y la imagen de la pantalla. Una imagen que casi siempre es violenta. Todo, hoy, parece macabramente preparado para que la persona moldee su personalidad en determinado compartimiento. A veces suelo pensar que todo esto es un plan premeditado por un grupo de líderes que pertenecen al sistema. Un sistema que es una gran fábrica de seres-objetos, útiles a sus fines perversos. Yo no dudo de que sea así. Hoy se induce al juego en soledad e inútil. En la adolescencia se satura al ser humano con el marketing sobre lo que es "verdaderamente" placentero (la lista de falsas opciones el lector las conoce). Hay una clara maniobra para idiotizar al ser humano. Por eso ser papá hoy es un desafío mayor.

—Pues ya comienzan a observarse en el planeta los adultos idiotas. Personas incapaces de reflexionar, de sentir algo más profundo. Seres dominados por la ira, la mezquindad y la psicosis propia de aquel que ha crecido ajustado a un modelo nefasto.

Candi II

candi@lacapital.com.ar

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