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Domingo 13 de Abril de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Domingo 13

—Quiero proseguir hoy con el tema "El sentido de la vida", que abordamos hace unos días atrás y el cómo encontrar a Dios que planteó un lector. Adelanto que hay, además, una segunda carta del padre Angel Martínez Sagasti que publicaremos mañana.

—Quiero proseguir hoy con el tema "El sentido de la vida", que abordamos hace unos días atrás y el cómo encontrar a Dios que planteó un lector. Adelanto que hay, además, una segunda carta del padre Angel Martínez Sagasti que publicaremos mañana. Mi opinión es que la vida, para que sea tal, debe tener un sentido; de otro modo es una mera existencia. Ese sentido debe traer cierta felicidad que deviene del estado de completitud y paz interior. ¿Qué le da sentido a la vida? Diré que la persona puede ir alcanzando todos los niveles materiales imaginables, pero si no obtiene logros en el plano espiritual el vacío es irremediable. Cincuenta millones de dólares, pero con soledad y ausencia de amor no completan absolutamente nada.

—Usted en una charla anterior dijo que a Dios se lo encuentra en aquel que sufre. Además, ¿es en el único lugar donde se lo puede encontrar?

—Para hilar más fino diré que a Dios, o un estado de satisfacción espiritual y por tanto la vida con sentido, se lo encuentra en el plano estrictamente espiritual. No específicamente se encuentra a Dios en el sufriente. Para ser más preciso diría que se lo encuentra en "el servicio que se presta a ese sufriente". Todos habrán experimentado un "estado especial de gozo y bienestar" cuando se ayuda a otro ser humano o a otra criatura del universo y esta sale, por nuestra ayuda, de la dificultad en que se encuentra. Esta satisfacción no está dada por el deleite y provecho de los sentidos, sino por el regocijo del espíritu. Un espíritu que, en ese momento, se funde y se confunde con lo superior. Allí está el encuentro con Dios. Por eso dije que quien da o ayuda debe ser agradecido con el sujeto ayudado, por cuanto el fue la vía para la propia elevación.

—Hay una reciprocidad entre ayudador y ayudado.

—Sí, ese es un tema un poco más complejo. Los dos se elevan espiritualmente, los dos van al encuentro de Dios, uno por vía del dolor, otro por vía del servicio. Es más complejo el asunto y no quiero detenerme en ello hoy. Ahora, hay otras formas de encuentro con Dios: la oración, pero no la oración que se repite automáticamente porque se puede rezar el Shemá de los judíos, el Padrenuestro de los cristianos o leer todas las surías del Corán y no encontrarse con absolutamente nada. La oración es, en mi opinión, mucho más que el repetir una fórmula dada. Es comprender cada palabra y tornarla un puente que lleve a la divinidad a medida que se la va contemplando. Un ser humano puede orar pronunciando sólo una palabra y la misma siempre.

—¿Otra forma de encuentro con Dios?

—Comprender el significado de la asamblea santa. Uno no va al templo para cumplir con el rito, va para cumplir con la "comunión amorosa" con todos los demás seres. Ese también es un tema interesante y extenso. Pero esa comunión amorosa la experimenta uno cuando abraza a su hijo en la alegría o en el dolor, cuando abraza a su esposa o esposo, a su hermano o a su amigo. Incluso cuando uno ¡por fin! se abraza a sí mismo. Siempre allí está Dios o como el lector quiera llamarle al único ser supremo principio y fin de todas las cosas.

Candi II

candi@lacapital.com.ar

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