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Sábado 10 de Mayo de 2008

Charlas en el Café del Bajo - Domingo 11

—Esta columna va dirigida al Pami y dedicada a la vida. Uno, amigo lector, no aspira a lo ideal entendido éste como la perfección.

—Esta columna va dirigida al Pami y dedicada a la vida. Uno, amigo lector, no aspira a lo ideal entendido éste como la perfección. El ideal debe ser considerado como aquello suficiente que le sirve al ser humano para alcanzar la paz, en el marco de una vida dignificada por el amor y la justicia. Uno, amigo lector, no anhela sociedades perfectas conformadas por seres inmaculados, nada de eso. Pero sí aspiramos a que la indiferencia no reine, a que el desamparo no eche raíces y que la piedad y la compasión por el semejante no sean apartadas del código de vida. Por eso me rebelo con todas mis fuerzas, me enojo con todos los enojos (a veces audazmente y sin reparar en las consecuencias) y me arrojo a la crítica contra algunos funcionarios. Pero debo una vez más aclarar, con énfasis, que de ningún modo lo hago contra la persona, contra el alma humana ¡¿Quién soy yo acaso?! Nadie.

—Vayamos al punto.

—El punto es que hoy voy a disparar contra los funcionarios del Pami, y contra quien sea responsable en el caso. Lo hago a partir de una noticia que anteayer recibí de un señor cuya esposa está, desde hace más de un año, enferma. Desde el momento en que descubrieron la patología, esta mujer está sometida a un tratamiento oncológico. Lo pudo hacer hasta el mes de diciembre, fecha en que los médicos le dijeron que era necesario continuar con otro fármaco, puntualmente el llamado Tarceva, del laboratorio Roche. Pues eh aquí que esta señora, y su esposo, han solicitado ya tres veces al Pami Rosario el fármaco y el tratamiento en cuestión y se lo han negado. Hartos y apenados, los esposos ahora se dirigirán a la justicia pidiendo una medida cautelar. ¿¡Por qué señores del Pami hay que recurrir a los estrados judiciales y mendigar la salud y la vida!? Al escribir esta columna estoy dolido, porque a mí me duele el dolor del otro (aunque algunos así no lo crean). Al escribir esta columna, señores del Pami, estoy enojado, indignado, porque de un remedio depende la vida de una persona y ustedes lo niegan. Tres veces se ha pedido el medicamento y tres veces se profirió un "no". Lo reprocho, lo repudio y ninguna norma interna, ni ley, ni decreto, ni justificación que se pretenda atisbar me hará cambiar el pensamiento, porque ninguna ley del hombre, ni ninguna circunstancia, está por encima de la vida. Señores del Pami, el número de expediente es 520200719509-50000, sería una maravillosa acción de ustedes que lo revisaran y que, contra viento y marea, resuelvan la situación como el paciente necesita, la familia lo reclama y la sociedad lo desea. Harto estamos todos de escuchar que se anteponen cláusulas (que contienen el espíritu de la muerte) a la posibilidad de la vida. Señores del Pami, no olviden que nada es más valioso que la vida y que aquel que ayuda a un ser humano ayuda a la humanidad. No sólo lo pido en razón de este caso, sino en virtud de nuestros adultos mayores que, en ocasiones, se ven subyugados por corazones de madera o normas de mármol. Repudio estas negativas, las aborrezco, las condeno y asumo la responsabilidad al considerarlas, sin ambages, de execrables. ¡Menos tren bala, señores gobernantes, menos tesoros repletos y más dedicación para con lo esencial y prioritario! Ojalá que haya resolución favorable. Seguiremos.

candi@lacapital.com.ar

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