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Viernes 27 de Agosto de 2010

Charlas de Candi - Viernes 27

—Memoria de una sala de guardia. —En realidad escribo esta columna desde mi cama de internado en el Sanatorio Parque. A propósito, y antes de proseguir, me tomó el tiempo y dispongo el espacio para agradecer, porque si hay algo que duele en la vida es la ingratitud y, recordando al sabio Hillel, quien resumió el mandamiento...

—Memoria de una sala de guardia.

—En realidad escribo esta columna desde mi cama de internado en el Sanatorio Parque. A propósito, y antes de proseguir, me tomó el tiempo y dispongo el espacio para agradecer, porque si hay algo que duele en la vida es la ingratitud y, recordando al sabio Hillel, quien resumió el mandamiento diciendo: “No hagas a otro lo que no quieres para ti”, debo agradecer a las autoridades del sanatorio, a los médicos, al personal de enfermería y limpieza por la profesionalidad y la atención, a las señoras Ivonne Acebal y Paola Forte y desde luego al doctor Julio Vorobioff y al ex presidente del Colegio de Abogados, doctor Arturo Araujo.

Cuando el médico me dijo que debía internarme “ya” porque no se quedaría tranquilo si permanecía en mi casa, debí pasar la primera noche en el sector de camas de la sala de guardia del Centro de Emergencias Rosario, donde la atención es excelente. La circunstancia que atravesaba reflejó en mi semblante lo que había en mi interior y me dijo: “No se preocupe, a usted le va a servir para inspirarse”. No se equivocó. Esa primera noche comprendí más algunas cosas. El lector podrá aproximarse “apenas un poco” al escenario si relato algunos de los sucesos. No podré olvidar fácilmente al señor que mi lado imploraba: “¡Dios mío, por qué tanto sufrimiento!", ni tampoco podré olvidar a ese señor en grave estado y a su abnegada hija, ni a ese otro que le rogó una y otra vez al enfermero: “Por favor llame a mi hija, ella me va a aliviar”; después me enteré que lo que más deseaba y necesitaba en realidad era poder dormirse abrazado a ella. ¿Puede haber algo tan doloroso pero tan amoroso y sublime al mismo tiempo...? Tampoco podré olvidar a ese joven que llegó todo golpeado, víctima de un asalto, ni al señor que estaba asustado porque había tenido una amnesia y creía que se debía a un derrame. Le costó creerle al médico que era estrés y nada más. En una sala de guardia uno no puede dormir, al menos yo, lo impide el propio dolor, el de los demás, el ruido necesario para la atención y los quejidos. Entonces uno debe hacer lo correcto con sus pensamientos. No estoy disgustado con los míos, fueron reflexiones sobre la vida, oraciones por tanto dolor. En una sala de guardia hay que pararse frente a la verdad y a veces ponerse de frente y sostener la mirada ante esa verdad cuesta, duele y se corre el riesgo de que a uno lo llamen pesimista. Yo no lo veo jamás así, creo que hay que mirar la amarga verdad para atreverse a disputar con ella, si es necesario llorando con el otro, orando para el otro, haciéndose uno mismo el otro. Ya que únicamente así se podrían cambiar un poco las cosas para que haya más paz en el corazón del hombre. Una joven amiga me mandó un mensaje de texto que dice: “Pensá en cosas positivas y te vas a curar más rápido”. Este mensaje tuvo su respuesta, pero de eso hablaré mañana.

PD: El señor en grave estado fue operado de urgencia y tiene probabilidades. ¡Gracias a Dios!

candi2050@gmail.com

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