Edición Impresa
Viernes 26 de Noviembre de 2010

Charlas de Candi - Viernes 26

—En tanto voy reproduciendo unas palabras del doctor Arturo Araujo, abogado y ex presidente del Colegio de Abogados de Rosario, iré también expresando ideas que no tienen vinculación directa con el tema.

—En tanto voy reproduciendo unas palabras del doctor Arturo Araujo, abogado y ex presidente del Colegio de Abogados de Rosario, iré también expresando ideas que no tienen vinculación directa con el tema. Comienza preguntándome Araujo: “Estimado Candi: ¿puede turbar a alguna persona la imagen de un hombre víctima de la crucifixión? ¿Le puede afectar la imagen de una madre evidentemente bondadosa y con un bebito? ¿Agravia sentimientos la estampa de un carpintero? ¿Molesta mucho la imagen de algún santo intercesor?”

—Hace unas horas atrás me encontré con otro abogado, creyente, de mente amplia y abierta, astrólogo, quien me causó la impresión de ser un hombre sabio. Aun cuando no profundamente, hablamos de Dios, o de una energía supra inteligente. El es creyente, como yo, creemos en un orden superior e inteligente. El cree, además, en la influencia de los astros. La verdad, yo también. Me dijo algo sobre su destino y yo le repuse algo por el estilo: la energía divina tiene la potestad de mantenernos en el libro de la vida, de torcer rumbos y modificar destinos, conforme las circunstancias y las necesidades del orden establecido y su justicia. No es una idea mía, claro, es un principio primero y enseñado por los grandes maestros. Las palabras más conocidas, al respecto, son las de Jesús: “Nadie puede, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo”. Hay toda una gran enseñanza detrás de estas palabras respecto del destino. Pero siga con las expresiones de Araujo, Inocencio, sobre los íconos o imágenes religiosas.

—“Sin embargo estos íconos e imágenes ayudan mucho a miles de personas. A mí me motivan a persignarme y cuanto menos a hacer un saludito a esa mujer que es la Madre de Dios. Ni qué decir cuando me cobijo en su consuelo y protección. Tampoco me molestan ni la Estrella de David, o la Media Luna Musulmán, ni el Buda, pues me reconforta la certeza de que hay otros que se vinculan también con Dios, y eso se llama religión. Respeto a los que no creen en Dios, siempre fueron respetuosos, al menos conmigo, al igual que los que no creen en nada. Me da mucha pena por aquellos, no por mí. No me ofenden los que se mofan de la religiosidad de los demás, caso Felipe González, que días pasados, aquí mismo, se solazaba por la falta de fieles en templos españoles. Por ello pido, exhorto, imploro, a manejarse prudentemente, en temas que afectan o pueden afectar sentimientos religiosos muy adentrados en el pueblo argentino. Arturo Ignacio Araujo”.

—Hasta aquí la carta del doctor Araujo. Yo sigo con mi tema. Ayer, antes de comenzar a escribir esta columna, un señor me mostró su preocupación y angustia por la maldad de un compañero de labor y un efecto que parece definitivo. Yo le dije: “No se angustie, nadie se burla de Dios, nadie elude a la inteligencia cósmica. El hombre tiene libre albedrío y puede hacer un mal uso de él, es cierto, angustiando al prójimo con su acción. Pero no reniegue de un destino que parece inmodificable. Los astros muestran el expediente, los hados dictan la sentencia de primera instancia, pero hay un tribunal superior cuya potestad es absoluta y puede modificar circunstancias que parecían insalvables”. Yo espero ser testigo del momento, que llegará para este buen hombre, en que se haga justicia. Y estaré aquí para dar testimonio de la potestad superior y decir: la pena clamó desde la Tierra y fue escuchada en el cielo.

candi2050@gmail.com

Comentarios