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Viernes 25 de Febrero de 2011

Charlas de Candi - Viernes 25

 —“… por eso tenemos que seguir soñando, escribiendo y leyendo, la más eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible”. Estas palabras, con la que comienzo la columna de hoy, son las últimas que pronunció Vargas Llosa...

—“… por eso tenemos que seguir soñando, escribiendo y leyendo, la más eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible”. Estas palabras, con la que comienzo la columna de hoy, son las últimas que pronunció Vargas Llosa en el discurso que dio cuando se le concedió el Premio Nobel. Hemos hablado en estos últimos días respecto del desafío de vivir. Y hemos expresado, en ese marco, que infelizmente ciertos individuos dominantes, poderosos, que dirigen a determinados grupos sociales, arrean a personas débiles, inocentes, buenas, hacia un destino de humillación y pena. Cada vez que veo a una persona entristecida, preocupada, me digo para mis adentros que muy probablemente otro con más poder, o un sistema de naturaleza perversa o inmisericorde, postró en la angustia a tal ser humano. Casi todas las angustias del hombre y de otras criaturas, las provoca gente insensible, intolerante, sin capacidad de comprender, autoritaria, demandante y hegemónica. Como decíamos ayer, la falsa autoridad, el pésimo liderazgo que se da incluso, a veces, en el seno del hogar, hace personas infelices. Pero hay algo que debo decir y que deseo decir con todas mis fuerzas: podemos estar sojuzgados por la penumbra de la noche de la vida, por la angustia no querida y cargada sobre nosotros por otras personas o sistemas que poco o nada nos aman y sólo nos usan. Podemos pasar por la maraña más peligrosa que existe en la jungla de la existencia, pero no podemos, ni debemos, de ninguna manera y por ninguna circunstancia, dejar de soñar, de desear, y de accionar por esa vida que nos merecemos. Como tantas veces lo he dicho, y lo vuelvo a expresar, no se puede perder la esperanza, ni la fe, ni el fuerte deseo de transformar lo que se supone imposible en posible. ¿La vida es un derecho? Lo es cuando se reclama a otro lo justo para uno mismo; pero más que derecho, “vivir” es una obligación que, en momentos de crisis, debemos reclamarnos a nosotros mismos. Vivir lo he puesto entre comillas, porque vivir no es respirar, ni permanecer. Dios puso a cada individuo de cada especie para un fin, un propósito, que debe cumplir repleto de paz interior. Esa paz interior que a menudo nos es arrebatada por los crueles, los injustos, los bandoleros de guante blanco y (¡qué dolor amigos!) en ocasiones hasta por esa persona amada que creíamos incondicional. A veces a esa paz interior la arrebatan circunstancias que son incomprensibles. Nuestra psiquis, nuestro espíritu, quedan entonces devastados. Yo creo sinceramente que Dios, o el orden superior, se conmueve por el llanto de toda criatura, se conduele con su pena, pero no deja de gritar desesperadamente, lleno de amor y con una voz sólo audible por el alma: “no te des por vencido, por favor”. Por eso, como dice Vargas Llosa, debemos seguir soñando, imaginando una vida mejor, mientras nos obligamos a alcanzarla. Ese, y no otro, es el desafío de vivir.

candi2050@gmail.com

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