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Viernes 24 de Septiembre de 2010

Charlas de Candi - Viernes 24

 —Carta de una lectora: “Coincido plenamente con usted en que hemos tenido gobiernos de morondanga en los que estuvieron ausentes la sabiduría, el sentido común y el amor por cada persona de este suelo bendito.

—Carta de una lectora: “Coincido plenamente con usted en que hemos tenido gobiernos de morondanga en los que estuvieron ausentes la sabiduría, el sentido común y el amor por cada persona de este suelo bendito. Pero mi gran preocupación es que, puede ser o no debido a una educación que no brilla por su excelencia, con un gran número (no todos) de maestros y profesores que tampoco lo hacen, sino que a duras penas pueden manejar sus cursos (¿dónde habrá quedado eso del manejo de grupos que supuestamente es una materia en todos los estudios conectados con la educación?). Lo que se ve alrededor de uno es una gran masa de gente también de morondanga, para quienes los principios son remanentes de un pasado obsoleto y las normas, ordenanzas y reglamentos existen para no ser obedecidos. Como ejemplo doy sólo uno: es sabido (sólo por algunos) que las entradas de los lugares de acceso al público deben tener puertas que abran hacia afuera para evitar que en una corrida de gente por algún accidente o desastre, muchos queden estampados contra las puertas. Para eso, una gran cantidad de locales tienen letreros indicando «Empuje», «Tire». Hace unos días, en un banco, el custodio (policía) amablemente nos abrió la puerta al salir a una amiga y a mí. Pero, ¡oh!, el letrero decía «empuje» y él abrió la puerta hacia adentro. Cuando le pregunté cómo lo hacía así, si indicaba lo contrario, sonriendo amigablemente me contestó: «Es que las reglas están para no obedecerlas». Esa respuesta se oye permanentemente. Entonces no nos quejemos de que las autoridades desconozcan los fallos de la Corte Suprema de Justicia, o intenten saltear al Parlamento, lo que en otros países les parecería inconcebible. Si ese es el sentir de una gran mayoría. Y otro tanto no lee, no se fija, desconoce por falta de interés. Entonces nos queda un pequeño número de gente que es mirado como sapo de otro pozo (es verdad que así te hacen sentir) cuando intentás hacer lo correcto, sea abrir una puerta, cruzar por las esquinas, ¡disminuir la velocidad del auto en las esquinas! ¡Si hay hasta quien sostiene que hay que acelerar en las mismas porque así hay menos posibilidades de choques! Hasta otros te cuestionan comprar un CD legal si es más barato el trucho. Es entonces que vivimos en el país del revés. ¿Cómo se sale de esto? Sin ir más lejos, ayer veía en un programa de TV por cable que en Corea enseñan buenos modales y costumbres en las escuelas desde que los chicos comienzan. ¿No se podría hacer acá? Otro ejemplo de incoherencia: con el tema de la policía infantil (no me propongo discutir si está bien o mal) saltaron de inmediato los derechos humanos. Mientras tanto, no les preocupan los cientos de chico/as que viven en la calle, los que son explotados por los padres o prestados, alquilados para ser explotados por terceros. ¿Nadie se enteró que muchísima gente tiene hijos 1) para cobrar otro plan o 2) para tener otro chico que pida limosna, porque cuando son grandes ya no les dan tanto porque no inspiran tanta pena? ¿Son tan inocentes que no ven ni se dan cuenta? ¿Nunca hablaron con alguna señora de las villas y le preguntaron porqué siguen teniendo hijos si no les alcanza el dinero para darles de comer a los que ya tienen? (Consideremos que acá en Rosario, al menos, en los dispensarios les dan a todos la ayuda necesaria para no quedar embarazadas). Bueno, y no sigo, porque ejemplos de incoherencias lamentablemente hay muchos”.

—Querida amiga: cuando hay dirigentes de morondanga, con seguridad gran parte de los dirigidos absorberán sus costumbres; cuando se permite el desorden, gran parte de la sociedad acaba por acomodarse al caos y disfrutar de la fugaz comodidad del caos. Fugaz, porque al poco tiempo el caos acaba devorando al pobre ignorante que se acomoda a él. En cuanto a los derechos humanos, ya he dicho muchas veces aquí que mucha dirigencia de ese sector (no digo todos) son políticos o ideólogos disfrazados de defensores. Una chantada argentina que a veces tiene su rédito económico. No tengo problemas en decirlo una vez más. Coincido en todo con la lectora.

candi2050@gmail.com

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