Edición Impresa
Viernes 20 de Agosto de 2010

Charlas de Candi - Viernes 20

—¡Señores Inocencio y Candi! —¿Quién nos nombra, quién nos llama —Yo. —¿Quién es “yo”? —El autor

—¡Señores Inocencio y Candi!

—¿Quién nos nombra, quién nos llama?

—Yo.

—¿Quién es “yo”?

—El autor

—¡Ah, usted! ¿Y qué cosa quiere de nosotros?

—Inocencio, no diga “nosotros”, todos somos uno. Pero si algo de la esencia del “yo” hay en usted, deseo, si le es posible, que hable de las injusticias en la vida. Trace un breve ensayo que tenga por título: “Sobre las injusticias en el paisaje urbano”. ¿Qué le parece?

—Con todo gusto. Le aclaro que algunas cuestiones merecerán una reflexión de su parte, profunda, meditada, tal vez demande cierto tiempo que alcance a comprender el significado de las mismas. Por ejemplo esta primera: es injusto que yo, el personaje Inocencio, no pueda ser sino a través de usted y sólo de vez en cuando. Es injusto que toda mi bondad sea condenada a vivir en el subsuelo de su vida.

—¡Perdón, le pido mil veces perdón!

—Es injusto que se queje usted de sus pequeños problemas, cuando su hermano llora la muerte de su pequeño hijo. Es injusto que culpe usted a Dios de permitir tantas desaguisados en el mundo y se olvide de la responsabilidad de los seres humanos, muy especialmente de los llamados líderes.

—Lo siento, siento especialmente quejarme por tales y vanas circunstancias.

—Es injusto que la riqueza de unos se produzca sobre el sufrimiento de otros. Es injusto, tremendamente injusto, que se le falte el respeto a la dignidad de los adultos mayores jubilados diciéndoseles, como gran logro y concesión, que es posible que sus salarios puedan acrecentarse a 1.400 pesos por mes. Indigna que se utilicen las palabras “82 por ciento móvil”, astutamente, para vender un paquete político que carece de digno contenido. Pero más injusto y patético es que se advierta el veto a tal medida.

—Comparto el palo para oposición y oficialismo.

—Es injusto que tantos jóvenes no puedan realizarse como personas a través del trabajo y del ejercicio de la profesión; que tantos papás no puedan elevarse como tales, completamente, por ausencia de pan para la boca de sus hijos. Es injusto que la madre llore la frustración de su hijo por causas ajenas a su deseo, voluntad y empeño.

—Siga, siga.

—Es injusto que el ser humano no proteja su templo (todo su organismo) al permitir que sus emociones lo arrebaten. Es injusta la violencia física y moral que se ejerce sobre los más débiles. Es injusto el maltrato hacia los animales, amados especialmente por Dios porque fueron su primer criatura.

—¡Maravillosos seres, inocentes, respetuosos del orden natural!

—Es injusto el rencor, porque “mía es la venganza, Yo pagaré”, dijo Dios. El da a cada uno lo suyo según sus pensamientos, palabras y acciones. Es injusto el no perdón.

—Así es.

—Es injusto que me llame sólo cuando me necesita. Es injusto que me de vida de vez en cuando, que me deje durante horas y horas en la soledad de la nada.

—Lo comprendo, Inocencio, a mí también con frecuencia me buscan cuando me necesitan: “Necesito este favor...” Y el resto de los días ni siquiera soy un trasto en el cajón de los recuerdos. Pero convengamos que también sucumbimos en el mismo pecado que cometemos, porque la vida es causa y efecto, acción y reacción. ¿No nos olvidamos también nosotros de personas que nos necesitan?

—Es injusta la aniquilación del amor y es injusto, estimado autor, que se acabe el espacio cuando tengo tanto por decir. Pero es injusto, también, no aceptar que todo orden material debe tener un final para que otro orden, de la misma naturaleza, pueda iniciarse.

candi2050@gmail.com

Comentarios