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Viernes 18 de Marzo de 2011

Charlas de Candi - Viernes 18

—Me he preguntado ayer y he preguntado: ¿hacia adónde se dirige el hombre? Para mejor decir: ¿hacia adónde va la humanidad liderada por ciertos hombres? Permítanme que exprese aquello que siento, eso que se vierte en mi corazón por un impulso desconocido hasta henchirlo, para hacerlo estallar luego propiciando un derrame de palabras.

—Me he preguntado ayer y he preguntado: ¿hacia adónde se dirige el hombre? Para mejor decir: ¿hacia adónde va la humanidad liderada por ciertos hombres? Permítanme que exprese aquello que siento, eso que se vierte en mi corazón por un impulso desconocido hasta henchirlo, para hacerlo estallar luego propiciando un derrame de palabras. Ayer al despertarme fui directamente al Apocalipsis, al libro de la Revelación de Juan. Y puntualmente al mensaje que Jesucristo, envía a las siete iglesias. Me detuve, para reflexionar, en esa parte del mensaje a la Iglesia de Laodicea que expresa: “Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y tengas vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas”.

—Y sí, eso es lo muchos hombres son, amigo: soberbios, orgullosos, creemos que todo lo tenemos, que todo lo podemos. Son ciegos que necesitan colirio para ver la verdad. Ciegos que matan a inocentes por un poco de poder y de riquezas, efímeras e inútiles finalmente.

—Y es por ese orgullo, por tal fatuidad, por esa soberbia, y sobre todo esa maldad tremenda de ciertos poderosos, que la humanidad va camino a una tragedia (¡Dios quiera que esté equivocado!). Sigo escuchando, con respecto al desastre de Japón y a otros sucedidos en los últimos años, a periodistas y profesionales hablar del comportamiento de la Madre Naturaleza, o preguntarse: ¿Por qué Dios permite esto? Pero no veo grandes compromisos para frener el comportamiento de ciertos hombres. No escucho suficientes voces enojadas por las detonaciones nucleares que se han hecho en el Pacífico y en otras partes de la Tierra a partir de la década del ´40. ¡Cientos, miles! No veo a “todo el mundo” preocupado por la contaminación del planeta con ondas de todo tipo y químicos de diversa naturaleza (generadores de enfermedades). No escucho a las sociedades protestar por el desmonte irresponsable, ni por la implacable persecusión (hasta extinguirlas) de muchas especies de animales quebrando así la armonía de la creación, devastando el ecosistema. No escucho cuestionar como corresponde los crímenes del terrorismo, ni denunciar el hambre al que se somete a cientos de millones de personas, mientras otros nadan en excesiva abundancia. En fin, que la humanidad corre riesgos. Y algunos seres (humanos y no humanos) ya no los corren, pues entraron lisa y llanamente en la etapa de la desesperación, el sufrimiento o la muerte injusta. Ello por culpa de las acciones de esos hombres ambiciosos en demasía, poderosos, soberbios, que no advierten la verdad o no les importa esa verdad. Son, como dice Jesús, desventurados, miserables, pobres, ciegos y desnudos. Y de su desnudez, de la nada que son, y de cuan miserable es su naturaleza material, sólo se dan cuenta (a veces) cuando la muerte los saluda. Seguiré mañana.

candi2050@gmail.com

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