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Viernes 15 de Abril de 2011

Charlas de Candi - Viernes 15

—Antes de tratar el tema elegido, recuerdo que hoy a las 20.30 en el salón de actos del Colegio San José, Presidente Roca 150, se presentará la obra teatral “Mi Cristo Roto” dirigida por Roberto Mao.

—Antes de tratar el tema elegido, recuerdo que hoy a las 20.30 en el salón de actos del Colegio San José, Presidente Roca 150, se presentará la obra teatral “Mi Cristo Roto” dirigida por Roberto Mao. El espectáculo está organizado por la Liga de Madres de Familia y las reservas pueden realizarse llamando a los teléfonos 4409030, 4818031, 4305346 y 4384793. Una obra bellísima, digna de verse.

—Y ahora sí: desde hace bastante tiempo la palabra corrupción se utiliza en nuestro país con más frecuencia de lo deseable. No es casualidad. Claro que casi siempre se utiliza el vocablo para desnudar un hecho desdeñable (y desgraciado para los ciudadanos) en la función pública. Fácil es advertir que el significado de esta palabra ha sido ligeramente alterado por el uso popular, y así tenemos que en muchas ocasiones se entiende por corrupto a todo aquel que en ejercicio de la función pública roba o recibe alguna dádiva a cambio de algún “favor” efectuado. Sin embargo, hay otras formas de corrupción tan o más peligrosas que estas señaladas. La corrupción de algo, en líneas generales, es la transformación de la naturaleza de ese algo, con pérdida de sus propiedades que son de beneficio para los seres. Si un juez, por ejemplo, permite que salga en libertad una persona que la tan declamada “sana crítica” evidencia como merecedor de un castigo en razón de un dolo, se está contribuyendo (por lo menos) a la corrupción de la justicia. Esto es que la justicia se transforma y pasa de su estado natural, que es bueno para el grupo social, a un estado de descomposición que con el tiempo acaba por afligir a buena parte de la sociedad. Para ser más preciso y andar sin vueltas: cuando se permite la impunidad (sea porque al juez le juega una mala pasada la ideología o le falta sentido común) ya no se está ante un acto de justicia, sino de injusticia.

—Bueno…

—De la misma forma, cuando un juez se ajusta a las frías letras de las leyes, jurisprudencia y doctrina, se olvida del “espíritu” de las cosas y termina procesando a una persona que en su vida tiene no sólo antecedentes intachables, sino que se ha pasado su existencia haciendo el bien al prójimo, pero que por candidez, confianza en otras personas y sin ninguna voluntad de hacer daño comete un error minúsculo, tal juez contribuye (por acción u omisión, consciente o inconscientemente) a corromper el ánimo de la justicia. Si el magistrado no repara en su error a tiempo y no comprende el alcance de sus actos, lejos de hacer justicia hace injusticia y administra dolor. Y digo esto, porque en los últimos días han sucedido algunos casos preocupantes en los Tribunales. Uno de ellos, para mí, patético: un juez ha procesado a una mujer muy conocida de nuestra ciudad, que ha dedicado su vida al altruismo y se vio involucrada, por excesiva confianza en las personas e inocencia, en un caso de usurpación de un predio. Acudió al lugar (por unas horas y creyendo que no tenía poseedor legítimo) para dar contención allí a chicos de la calle. La mujer era víctima de una irresponsabilidad de otra persona que le había informado mal. Increíblemente, estimado lector, fue procesada en los Tribunales rosarinos. Me ha pedido la mujer (que sufrió un ataque de presión y está medicada y mal de salud a raíz de este tremendo disgusto) no dar a conocer el caso completo por el momento. Así que sólo me resta expresar (además de mi…, no sé como denominar a este sentimiento) mis fuertes deseos de irme a vivir al medio de la montaña, alejado de los disparates mundanos, entre mis hermanos los cóndores, los pumas y otros amados seres, que suelen tener más sentido común que algunos hombres. Como dijo un amigo ayer: ¡Haz el bien y te procesarán. Roba y paséate ufano por la calle!

candi2050@gmail.com

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