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Viernes 10 de Diciembre de 2010

Charlas de Candi - Viernes 10

—¿Cuál es el problema del ser humano? ¿Cuál es la carga que le pesa a la humanidad? O para mejor preguntar: ¿Cuál es la causa de tantas dificultades que padecen sociedades e individuos? No es necesario ser sociólogo, filósofo, pensador para encontrar la respuesta.

—¿Cuál es el problema del ser humano? ¿Cuál es la carga que le pesa a la humanidad? O para mejor preguntar: ¿Cuál es la causa de tantas dificultades que padecen sociedades e individuos? No es necesario ser sociólogo, filósofo, pensador para encontrar la respuesta. El problema del hombre en Rosario, Córdoba, Buenos Aires, Madrid, Nueva York o Teherán; la causa de tantas penas no es otra que el endurecimiento del corazón y la patología mental de algunos.

—¿Cómo es eso?

—Un psicólogo podría aportar más datos, más precisiones y más ilustración sobre el asunto, pero no tengo dudas de que el problema de la humanidad pasa por la dureza de corazón de cierta gente, por una patología mental. He advertido que en la carrera del “éxito” mundano (poder, gloria, dinero), el corazón deja de sentir, se hace duro. Es decir, llega un momento de esa carrera en que el ser humano no titubea en apelar a cuanta herramienta existe para lograr su propósito. Si es necesario humillar al prójimo, traicionarlo, pisotearlo o dejar que se pierda en la angustia, pues lo hace. Esto es fácil advertirlo no sólo en los altos niveles de poder empresarial, político o gremial, sino en escenarios más bajos ¿Nadie ha notado cuánta envidia destilan ciertas personas cuando un compañero de trabajo asciende? Sucede a menudo. Esta dureza del corazón de la que hablo es, en mi opinión, una enfermedad mental, un desequilibrio psíquico o psicológico. ¿Parece raro lo que digo? El logro del propósito de la fama, la gloria, el poder, casi siempre (no digo siempre) está acompañado de patologías y perversidades tales como: mezquindad, envidia, celos, egoísmo, violencia moral e incluso, en ocasiones, física. En el camino al “éxito” (éxito, tal como lo entiende la sociedad de mercado e individualista) el corazón a medida que va aplastando al otro, al prójimo, para lograr su propósito, se va haciendo más áspero y salvaje. Finalmente, alcanzado el poder, tal corazón es insensible al problema humano y sólo reacciona a su interés o al de su sector.

—Sólo así se entiende la despreocupación del poderoso por las angustias sociales.

—Claro, ha medida que fue azotando al otro ser humano (eventualmente considerado adversario en su carrera), a medida que lo fue aniquilando para llegar solo a la meta, se fue consolidando esa callosidad en su estructura emocional, se fue instalando esa patología de la mente que consiste en no sentir, en no conmoverse ante el dolor. Cuando el que tiene mucho poder se muestra sensible, por lo general, (digo por lo general pues hay poderosos sensibles y bondadosos) sólo se trata de una actuación que tiene un propósito: tener más poder o perpetuarse en él.

—¡Es dramático!

—Sí, lo es. Lo es para el ser humano común que a veces cree en las actuaciones y sucumbe por ellas. Y lo es para el propio artista poderoso que se ha perdido en la nada; aunque no lo comprende, porque su patología impide tal comprensión.

candi2050@gmail.com

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