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Viernes 01 de Abril de 2011

Charlas de Candi - Viernes 1º

—Ante la proximidad de las Pascuas cristianas y el Pesaj judío va esta primera reflexión. Recuerdo una expresión del antropólogo Manilowski: “Cualquiera que haya tenido una experiencia religiosa profunda y sincera, sabe que los momentos religiosos más intensos acaecen en la soledad, en el cese del comercio con el mundo, en la concentración y despego mental y no en la distracción de la multitud”.

—Ante la proximidad de las Pascuas cristianas y el Pesaj judío va esta primera reflexión. Recuerdo una expresión del antropólogo Manilowski: “Cualquiera que haya tenido una experiencia religiosa profunda y sincera, sabe que los momentos religiosos más intensos acaecen en la soledad, en el cese del comercio con el mundo, en la concentración y despego mental y no en la distracción de la multitud”. Comparto la idea. La congregación en el templo (cualquiera sea la religión que se profese) es importante, tiene un sentido de encuentro comunitario (comunión). Es (o debería ser) un encuentro para dar fuerza a la exhortación a Dios mediante la plegaria de conjunto, en el marco de un amor fraternal sincero y rebosante. Pero…, no siempre es así. El encuentro a veces es para cumplir con el precepto y nada más, por costumbre u obligación, para quedar bien con el líder religioso, cuando no para mostrarse. Ese encuentro en el templo no sirve para nada. El encuentro con Dios se hace más fuerte en la soledad, como dice el antropólogo. Revelo algo de mi incompleta e imperfecta vida espiritual: tengo por costumbre orar en el silencio de las madrugadas y varias veces en cada madrugada. Y con frecuencia en medio del fragor del día hago contactos con el otro nivel existencial.

­ —¿Es importante la oración?

­ —La oración no sólo es importante, es determinante. Claro que uno no debe esperar que descienda el maná del cielo sin accionar. Los monjes benedictinos dicen, siguiendo al santo y anacoreta Benito: “Ora et Labora”. La creación, amigo mío, está fundada sobre la oración y el trabajo.

­ —¿Pero qué es la oración?

­ —Es, al menos, el intento del encuentro con Dios. Y digo intento, porque quien apenas lo intenta con deseo y sinceridad ya está en camino firme de encontrarse con El. Hay oración para iniciados y oración para quienes se encuentran en grados elevados de espiritualidad. Si usted relaja su mente y su cuerpo, no piensa en nada sino que deja en silencio que su “yo sublime, profundo y eterno” se dirija hacia la Luz y se desapegue del orden mundano, usted está orando en un nivel mayor. Si usted desea de todo corazón el bien para otro ser, usted también está orando. Hay ateos que, sin saberlo, pasan su vida orando y hay creyentes que mueren creyendo que oraron. La oración, además, puede hacerse con palabras simples, sinceras, sentidas. Quiero terminar por hoy con las palabras de un monje sobre el crepúsculo y la oración (“soledad y crepúsculo” son palabras claves en mi vida). Dice este monje benedictino: “Con el declinar del sol aparece otro momento en la vida del monje que es la “víspera”. Como dice el nombre, es la espera (esperanza) del día que viene. Para los pueblos semíticos (judíos por ejemplo) el día comienza a la tarde (es un rasgo de fe en el porvenir inexorable y luminoso). Y entonces –añade el monje- esa oración que es con el declinar del sol para nosotros también es muy importante”. ¡Vaya si lo es! Casi todas las criaturas en el crepúsculo se disponen a orar por unos instantes. Hay sombras en el atardecer (penas en la vida), pero orando, amigo mío, la creación aguarda con esperanza el nuevo día. ¿Se entiende el mensaje?

candi2050@gmail.com

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