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Miércoles 09 de Marzo de 2011

Charlas de Candi - Miércoles 9

—Como se sabe, ha sido duramente cuestionado por algunos intelectuales argentinos, seguidores del actual gobierno nacional, la presencia del Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, en la apertura de la Feria del Libro.

—Como se sabe, ha sido duramente cuestionado por algunos intelectuales argentinos, seguidores del actual gobierno nacional, la presencia del Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, en la apertura de la Feria del Libro. Y hasta el mismo escritor fue duramente criticado por un personaje que, en mi opinión, es una de las facetas más lamentable que tiene, en cuanto a funcionarios, este gobierno: el jefe de Gabinete Aníbal Fernández. La verdad es que, en ese marco, no puedo dejar de reconocer la actitud sensata de la presidenta Cristina Fernández, quien oportunamente envió una nota al titular de la Biblioteca Nacional, Horacio González, poniéndole freno a sus expresiones y a la embestida contra el escritor peruano y les marcó la frontera a la pléyade de intelectuales K.

—En una nota publicada por Enrique Arenz, que me ha enviado un lector, éste dice, refiriéndose a ciertos intelectuales progresistas argentinos lo siguiente: “Para existir y asomar la cabeza en el mundillo cultural argentino, para que los jurados de los concursos nominen una obra y para que los críticos se dignen a posar su vista sobre ella, el autor debe ser de izquierda, progresista, comprometido socialmente y resentido contra “el sistema”. No se le ocurra a un artista ser liberal, o indiferente a las ideologías, o católico, o simplemente un demócrata que repudia las dictaduras y los populismos demagógicos, como es el caso de Vargas Llosa. Si uno es así será tildado de derechista y no podrá salir de su exilio cultural: directamente no existirá”. Y añade respecto de la notoriedad de algunos de estos intelectuales: “Notoriedad que en muchos casos no deben al mérito, ni al talento, ni al esfuerzo persistente, sino a la militancia corporativa que los cobija y encumbra. Se alientan, se dan manija entre ellos, llevan un tren de vida que contradice en muchos casos sus ideas y se desesperan por lograr una tajadita del presupuesto oficial”.

—Comparto esta visión. No digo todos, pero algunos son de una mediocridad tal que espanta a la mente perspicaz, y cuando surge la pregunta: ¿pero cómo es posible que correspondan semejantes hojas de laureles a tales troncos?, no puede menos que hallarse la respuesta en las palabras de Arenz. Lo curioso, en torno de las críticas que algunos intelectuales argentinos hacen de otros tildados de derechistas, es que suelen apoyar a verdaderos dictadores, como ha sido el caso de Fidel Castro; o han guardado cómplice silencio ante los crímenes de Stalin, por dar otro ejemplo. Y lo más reciente, lo actual y a lo que nosotros hemos aludido siempre: cuestionan con crudeza a Israel por la defensa que hace de su soberanía y de sus habitantes, y callan sobre los crímenes cometidos por el terrorismo islámico, o los justifican. Para terminar, y fiel a mi posición alejada de los extremos, diré que este mismo fanatismo, esta misma ceguera e intolerancia ideológica, se puede advertir en otros pensadores, escritores y artistas de la llamada derecha, algunos de los cuales si alguna vez han ganado prestigio no ha sido por sus méritos, sino por ser adictos al poder de turno con el cual “congeniaban”. Es que la imbecilidad es parte, también, de la naturaleza humana y ella (astuta) para ocupar espacios no se fija en tintes ideológicos.

candi2050@gmail.com

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