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Miércoles 24 de Noviembre de 2010

Charlas de Candi - Miércoles 24

—Sobre todas las cosas, amo a los animales, amo a los niños, amo a los seres humanos imposibilitados, discapacitados. Amo, más, a toda criatura indefensa, inocente, sensible, buena, cuyo corazón palpita al ritmo de la verdad y de la creación.

—Sobre todas las cosas, amo a los animales, amo a los niños, amo a los seres humanos imposibilitados, discapacitados. Amo, más, a toda criatura indefensa, inocente, sensible, buena, cuyo corazón palpita al ritmo de la verdad y de la creación. Amo y me comprometo en la defensa de todas esas criaturas que son desamparadas, desprotegidas por el hombre inteligente y poderoso, por los Estados y gobernantes, por falsos dirigentes que sólo dirigen sus acciones en favor personal o sectorial. Lamento mucho que mi compromiso sea flaco, endeble, no consistente como yo quisiera. Pero cada uno hace hasta donde puede, o desempeña el rol que Dios, el destino, o los hados desean. Tal vez mi destino sea escribir algunas cosas, aun cuando algunos me supongan ridículo, o se atraganten con mis palabras en virtud de su odio. No dejaré de hablar por ello (eso lo tengo bien claro). Lo haré sea donde sea, y como el Dios en el que creo quiera que sea. Hay una frase del escritor Emile Zola que dice: “el destino de los animales es de mucha mayor importancia para mí que el miedo a verme ridículo”. Vuelvo a pedir, señor intendente municipal Miguel Lifschitz, que implemente acciones en toda la ciudad como la concretada en el Parque Urquiza, que defienda a los animales. Vuelvo a pedir lugares de protección para los animales abandonados, comederos y bebederos. Lo hago en el marco de esta humilde cruzada a favor de ellos; seres que deben vérselas, en inferioridad de condiciones, con la maldad inteligente, con la racionalidad insensible de muchos seres humanos.

—Como ser humano, Candi, o mejor dicho como personaje que representa a un ser humano (porque sólo soy un personaje llamado Inocencio, representante del autor de esta columna), me provoca angustia saber que ciertas criaturas tendrán protección mientras vivan los seres que los aman. Hay por las calles de la vida, mi querido amigo, muchos seres que un día las circunstancias y la muerte los despojaron del hogar y del afecto. Hay humanos que quedaron a la deriva, depositados en algún rincón sombrío de alguna institución sólo acompañados por la pena, el dolor y la confusión. Me dirán algunos lectores: ¿pero qué tiene que ver esto con los animales? ¿Cómo compara a seres humanos discapacitados con animales? Responderé de tal forma: La vida es de la misma naturaleza en una flor, en un animal o en un ser humano, quien no respeta a la vida en cualquiera de sus formas, especialmente la vida de aquellas criaturas más indefensas, no ama verdaderamente y quien no ama verdaderamente no puede asegurar la paz interior de nadie. ¿Se entiende? No se puede amar selectivamente a Dios en tal o cual obra, en tal o cual criatura. A Dios se lo ama por toda su obra y en todas sus criaturas, especialmente en las más inocentes e indefensas.

candi2050@gmail.com

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