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Miércoles 23 de Febrero de 2011

Charlas de Candi - Miércoles 23

—Es una verdadera paradoja, pero en tanto el hombre avanza en determinados aspectos materiales, tanto más parece retroceder en otros, como algunos del orden mental. Para decirlo de otra forma: a más avance científico y tecnológico, parece que correspondiera un retroceso en cuestiones como las emocionales y espirituales.

—Es una verdadera paradoja, pero en tanto el hombre avanza en determinados aspectos materiales, tanto más parece retroceder en otros, como algunos del orden mental. Para decirlo de otra forma: a más avance científico y tecnológico, parece que correspondiera un retroceso en cuestiones como las emocionales y espirituales. Esta era contemporánea por la que transita la humanidad, esta etapa conocida como posmodernismo, ha traído consigo deslumbrantes descubrimientos de orden material aplicados a la vida con favorables efectos, pero también profundas contrariedades en lo atinente a lo estrictamente afectivo.

—A poco que se observe la realidad circundante, estimado Candi, se verá que en todo el mundo –en algunas regiones con un carácter más acentuado- hay distintas problemáticas de carácter emocional que sumen al ser humano en diversos pozos más o menos profundos, más o menos oscuros, que lo atrapan en un sufrimiento que puede ser, según los casos, agudo y bien lacerante o menos filoso y más tolerable.

—Lo que ocurre, Inocencio, es que debe aceptarse que vivir es un verdadero desafío. Lo fue siempre en realidad, pero lo cierto es que este desafío parece haber sido elevado, por decisión del propio hombre o mejor dicho de cierta elite, a una potencia superior. Podría decir, sin temor a exagerar, que hoy algunos viven otros sobreviven con grandes esfuerzos de su parte. No es del caso, en este breve reflexión, repasar y reproducir cuáles son esas condiciones que sumen a la persona en la ardua tarea de andar saltando obstáculos que son cada vez más altos, pero sí es menester decir que tales condiciones generan un vacío existencial, angustia y enojo que a veces se reprime, pero que allí está latente. Muchas personas, hoy, padecen lo que podría llamarse el síndrome de la frustración, de los sueños truncados. En ciertos casos, y en virtud de tantos golpes y convicciones endebles, hay esperanzas abatidas y fe perdida.

—Es cierto.

—Días pasados yo le decía a un amigo, que defiende al actual modelo político, que hay varias argentinas: la de los que pueden; la de los que pueden como pueden; y la de los que no pueden nada. Y en todas estas argentinas hay, por una u otra razón, vacío, preocupación, ansiedad, angustia. Desde luego, no se me escapa que hay quienes han logrado una armonía. Pero me parece a mí, lo advierto, que hay poco de “vivir”. En algunos casos por injusticia, en otros por error. A unos se les niega acceder al sentido de la vida, otros se niegan ese sentido a sí mismos.

—Una vez dijimos aquí, amigo, que hay un pensamiento muy bello y muy profundo del filósofo y religioso chino Confucio que dice: “¿Me preguntas por qué compro arroz y flores? Compro arroz para vivir y flores para tener algo por lo que vivir” Le propongo seguir otro día con el tema, pero convengamos como final por hoy, que a algunos se les niega el arroz y otros no son capaces de tomar las flores.

candi2050@gmail.com

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