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Miércoles 18 de Agosto de 2010

Charlas de Candi - Miércoles 18

—Hay una carta muy buena que envió el lector Rubén Saviduzzi. Antes de reproducirla deseo aclarar que ayer cometí un error. El programa de radio “Ahora es cuando”, conducido por Evelyn Gerson, Valeria Fridland y Luciana Ekdesman, no va mañana sino hoy, a la 19, por FM 88.1. Lo recomiendo porque se considerarán temas interesantes.

—Hay una carta muy buena que envió el lector Rubén Saviduzzi. Antes de reproducirla deseo aclarar que ayer cometí un error. El programa de radio “Ahora es cuando”, conducido por Evelyn Gerson, Valeria Fridland y Luciana Ekdesman, no va mañana sino hoy, a la 19, por FM 88.1. Lo recomiendo porque se considerarán temas interesantes.

—Bien, dice el amigo Rubén: “…Creo usted tratará este tema con la seriedad que el mismo merece. Soy modelo 1940. Es decir ya cumplí 70. Las vi todas en materia política. Desde hace unos años se me ha ocurrido algo que no lo he escuchado ni en periodistas, ni en politólogos, ni en comentaristas, ni en columnistas, ni menos en políticos. Esta idea reflotó en estos días con motivo de la eventual postulación -ahora ya por él rechazada- a candidato a gobernador de Gabriel Batistuta. Sin ánimo de restar mérito a las condiciones que pueda tener el nombrado -la ciudadanía no las conoce- este país no tomará la senda de la normalidad y seriedad que merece, hasta que -entre cuestiones de mucho peso- no se realice una profunda y bien estudiada reforma a nuestro sistema político-electoral. Sostengo que es la madre de todas las batallas. Debemos comenzar por organizarnos. El estudio de la reforma llevará como mínimo dos años. Deberá consultarse a organizaciones sociales, vecinales, entidades de bien público, ONG, partidos políticos, etcétera. Si hay que modificar la Constitución, régimen electoral, reglamentos del Congreso de la Nación -están allí los representantes del pueblo- modalidades para elegir candidatos, etcétera habrá que hacerlo. Así como está el sistema parece una estafa a la ciudadanía, que es la que emite su voto. Habrá que revisar lo del voto obligatorio (no puede ser que las elecciones nacionales se diriman en el cono urbano bonaerense o en La Matanza) Lo de las listas sábanas, lo de la no asistencia de diputados y senadores a las reuniones del Congreso, las aptitudes que se deben tener para ocupar cargos, lo de la formación de bloques dentro del Congreso de uno o dos miembros. Insisto en esto porque en el mismo se gestan las leyes que luego regirán nuestro destino. No puede ser que hay 815 partidos registrados en el Colegio Electoral. No puede ser que un diputado o senador, con más de una causa, se ampare en sus fueros para eludir a la justicia. Todo debe regirse por una ley dictada y -por supuesto- respetarla a rajatabla. Pero, a mi criterio, lo más importante es el número de partidos políticos. Estos son como los hijos, perdón por la comparación, uno es poco, dos está bien, tres son una multitud. Sé que es discutible, pero también sabemos que así no va. Basta de izquierda, derecha y centro: se es eficiente o no. Además los funcionarios y administradores debieran responder con sus bienes particulares cuando se comprueba que las medidas tomadas fueron equivocadas a sabiendas de lo que se hacía. Este tema da para mucho, me gustaría conocer su opinión”.

—La he dado en el transcurso de todos estos años. Pero puedo resumir. Coincido absolutamente con todo. El sistema político argentino es obsoleto, pero además (y me hago cargo de lo que digo) la casta que se ha enquistado en él es peligrosa. Salvo honrosas excepciones, y muy pocas por cierto, el manojo de dirigentes políticos que hay en nuestro país en general es deplorable. La dirigencia argentina bailotea entre la corrupción, la inutilidad y falta de talento y la patología. Sí, así es, la patología porque queda claro que hay personas que padecen, a todas luces de problemas psicológicos. De otro modo, no se entienden algunas actitudes que son un verdadero atentado contra la estabilidad y desarrollo de las instituciones. En cuanto al voto obligatorio, estoy absolutamente en contra. Lo he expresado muchas veces. Nadie, ni siquiera el Estado, puede obligar a la persona a participar en actos en los que no desea estar involucrado por diversas razones. Mucho menos cuando la contienda está viciada de todas las aberraciones habidas y por haber, como el aquelarre de listas sábanas y partidos inventados al sólo efecto de obtener ganancias de una u otra índole. Sí señor Rubén, es necesaria una profunda reforma política.

candi2050@gmail.com

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