Edición Impresa
Miércoles 16 de Marzo de 2011

Charlas de Candi - Miércoles 16

—Como se sabe, ha dicho el alcalde de Tokio que el terremoto y tsunami fueron un castigo divino para lavar el egoísmo de los japoneses. Me permito decir que semejante disparate (el del Dios airado e impiadoso) lo he escuchado muchas veces en otras bocas y circunstancias.

—Como se sabe, ha dicho el alcalde de Tokio que el terremoto y tsunami fueron un castigo divino para lavar el egoísmo de los japoneses. Me permito decir que semejante disparate (el del Dios airado e impiadoso) lo he escuchado muchas veces en otras bocas y circunstancias. Hubo quienes manifestaron, por dar otro ejemplo, que la tragedia sufrida por el pueblo judío durante el régimen nazi fue un desaire de Dios, un castigo a ese pueblo, en razón de sus faltas y el no acatamiento a las normas divinas.

—Existió siempre, en muchas religiones, la tentación o necesidad de instaurar la figura del Dios castigador. La frecuente y común frase: “Dios te va a castigar”, no nace del imaginario popular, sino de una ideología irradiada desde la propia religión. Ciertamente, yo no creo en un Dios de semejante porte, que además de castigador es injusto porque, amigos, ¿qué pecados pudieron haber cometido los chicos que murieron hace horas apenas en Japón o aquellos cientos de miles que perecieron en la Shoá? Y, desde luego el otro interrogante: ¿es que acaso no había ningún ser humano bueno entre los que han muerto a lo largo de la historia, en tragedias que se adjudican a la ira divina? No existe un Dios castigador; ya lo creo que no.

—A Dios hay que respetarlo, pero no temerle. No hay que confundir el significado bíblico de “temer”. El Dios que plantea el alcalde de Tokio sería, si existiera, no sólo un Dios violento e injusto (por las razones ya dadas) sino además loco. Porque para qué, pues, le dio al hombre el libre albedrío si después sobrevendrá el enojo y el castigo por no acatar su voluntad. Un Dios semejante es contradictorio.

—¿En qué Dios entonces debemos creer?

—En el Dios que lloró junto al pueblo judío cuando éste era masacrado. En el Dios que hoy llora la desgracia de Japón. En el Dios que hizo el universo, estableció una ley que lo armoniza todo y no puede violar esa ley interviniendo cada vez que al hombre le va mal (casi siempre por responsabilidad del propio hombre). Debe creerse en el Dios que dio al hombre pautas y poderes para que fuera feliz y la posibilidad de elegir (libertad) entre vivir conforme a lo que dicen esas pautas o no. Debe creerse en el Dios que ama, que es paciente, que espera con fe en el retorno del hombre a la verdad. En el Dios que perdona todo y el que se aflige cuando el ser humano decide perderse. El alcalde de Tokio y todos aquellos que culpan a Dios de tantas tragedias deberían preguntarse: ¿no será todo esto un castigo del propio hombre? Lo que el ser humano poderoso está haciendo con este planeta, amigos, no tiene nombre. Cientos (cientos) de poderosas explosiones nucleares se han concretado en el Pacífico en las últimas décadas, algunas secretas. ¿Eso no significa nada, no afectó a la corteza terrestre? No le echemos la culpa a Dios.

candi2050@gmail.com

Comentarios