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Miércoles 15 de Diciembre de 2010

Charlas de Candi - Miércoles 15

—A mí siempre me gustó Amado Nervo. Lo descubrí en mi adolescencia, creo que tenía unos 15 años, cuando me interesaba (como siempre me interesó) el poder del espíritu humano. Nervo fue un poeta que perteneció al romanticismo, un tanto místico, pero no tanto como otros que incursionaron en la mística más profunda.

—A mí siempre me gustó Amado Nervo. Lo descubrí en mi adolescencia, creo que tenía unos 15 años, cuando me interesaba (como siempre me interesó) el poder del espíritu humano. Nervo fue un poeta que perteneció al romanticismo, un tanto místico, pero no tanto como otros que incursionaron en la mística más profunda. Por entonces yo necesitaba mucho de un motor que me impulsara y me ayudara a salvar los obstáculos que eran una constante en mi vida. Fue una tarde, en medio de una biblioteca, cuando este hombre conocedor de asuntos metafísicos al que siempre recuerdo, me entregó una hoja con el poema “Fides”. Lo hemos publicado aquí varias veces y, ciertamente, fue un manual que durante mucho tiempo llevé en mis bolsillos y siempre lo tengo en mi corazón.

—“No te resignes antes de perder / definitiva, irrevocablemente, / la batalla que libras. / Lucha erguido / y sin contar las enemigas huestes. / ¡Mientras veas resquicios de esperanza, / no te rindas!...”

—Pero Nervo también le cantó al amor, a una mujer, a su amada Ana Cecilia Dailliez, cuya muerte prematura iba a sumirlo en un profundo dolor. Pero de ese dolor saldrían los poemas más emocionantes. De su obra “La amada inmóvil”, rescato hoy, antes de mi breve reflexión, parte de ese poema que dice: “Todo en ella encantaba, todo en ella atraía: / su mirada, su gesto, su sonrisa, su andar... / El ingenio de Francia de su boca fluía. / Era llena de gracia, como el Avemaría; / ¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar! / Ingenua como el agua, diáfana como el día, / rubia y nevada como margarita sin par, / al influjo de su alma celeste amanecía... / Era llena de gracia, como el Avemaría; / ¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar...”

—El poema se llama Gratia Plena. Pero... ¿por qué este retorno a Amado Nervo?

—Ayer, la muerte de la hermana de una colega a temprana edad, que deja hijos y una familia sumida en la pena en vísperas de esta Navidad, me golpeó como siempre. Como siempre quiere decir que me he vuelto a preguntar (como ese peregrino que cruza la extensión llamada “Jai”, sobre la que hablé el lunes): ¿qué sentido tiene todo esto? Y después: ¿cuáles son las cosas importantes en la vida? No tuve ganas, ni tengo, de encontrar respuesta al primer interrogante; dejo que mis dudas floten un poco más, hasta que mi fe las empuje hasta sacarlas del lóbrego jardín. Pero a la segunda pregunta sí quiero darle una respuesta: las cosas importantes son los amores, esos a los que uno debe dedicarles una poesía antes de que sea demasiado tarde. ¿Y qué es una poesía? Es un buen sentimiento que se expresa con un gesto, con una mirada o con una palabra. Y si el amor es una mujer, no estaría mal decirle, amigo mío: “Eres llena de gracia, como el Avemaría”. Porque el tiempo pasa..., y a veces tan rápidamente, que cuando el corazón quiere hablar ya no puede latir.

candi2050@gmail.com

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