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Miércoles 13 de Octubre de 2010

Charlas de Candi - Miércoles 13

—Mientras yo escribo esta columna, la humanidad, o buena parte de ella, ha comenzado a observar cuál será el desenlace, el destino final de los 33 mineros que hace más de dos meses están sepultados a 700 metros de profundidad en una región desértica, casi inhóspita, de una perdida parte del mundo: el desierto de Atacama.

—Mientras yo escribo esta columna, la humanidad, o buena parte de ella, ha comenzado a observar cuál será el desenlace, el destino final de los 33 mineros que hace más de dos meses están sepultados a 700 metros de profundidad en una región desértica, casi inhóspita, de una perdida parte del mundo: el desierto de Atacama. En esta región norteña de Chile no viven más de 300.000 personas distribuidas en tres provincias. Hace más de dos meses que estos seres humanos están allí abajo, aislados del mundo, de sus seres amados, y aun cuando es notorio que están llenos de esperanza y fe, no es necesario decir por cuantos temores y aflicciones deben pasar, y cuántas dudas deben tener que podrán disiparse, si Dios quiere hoy, cuando se confundan en un abrazo con sus seres queridos y miren y admiren otra vez ese cielo despejado que es diáfano allí como en ninguna otra parte del planeta. No es casualidad que existan en el lugar los observatorios astronómicos más potentes.

—Creo que son muy pocas las personas que se han detenido a reflexionar, a imaginar, qué y cómo es estar durante días y días enterrado en una galería oscura, en un lugar reducido, rogando que no se produzcan movimientos de la Tierra, aislados del mundo y teniendo sólo la certeza de un destino incierto. Claro que con el correr de los días los trabajos realizados y las circunstancias les ha llevado tranquilidad y ha fortalecido la esperanza a estas personas, ¿pero es que acaso eso borra todos los otros sentimientos? No, como se dijo anteriormente, todo ese estado afectivo del alma lo borrará la vida en superficie y el amor. Es probable que muchos de estos hombres necesiten tiempo y ayuda. Bien puede decirse, además, que estos seres humanos no sólo están sepultados bajo tierra, sino sepultados debajo de una carga emocional muy grande, inmensa.

—Sin embargo, y esto es lo que quiero destacar, resistieron. Y estas personas, desconocidas para nosotros, que están relativamente lejos y además en el subsuelo de la capa terrestre, vienen a darnos un ejemplo. Sí, un ejemplo de vida, un testimonio. A menudo, y por situaciones menores, insignificantes, todos nosotros existimos (y sólo eso) como si estuviéramos enterrados. Andamos por la vida sin apreciar, sin valorar, lo que la vida nos da. Parece que nuestra mente sólo ve el problema eventual, circunstancial, que a menudo es algo sin ningún valor si se lo compara con aquellas cosas que son relevantes. ¡Cuánto quisiera yo poder realizar alguna vez un reportaje a uno de estos mineros! Imagino la primer pregunta: ¿cuándo ahora mira una flor, o la salida del sol, o escucha el canto de un pájaro o mira los ojos de su hijo, o de su esposa, los ve como maravillas que antes no había valorado debidamente? Y sospecho también la respuesta. Usted también, ¿verdad?

candi2050@gmail.com

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