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Martes 08 de Marzo de 2011

Charlas de Candi - Martes 8

—Hay que donar vida, Inocencio. Y hay muchas formas de donar vida. —¿Cómo cuáles? —Se dona vida amando al prójimo. En esto se resume esta gran donación. Y, por supuesto, se dona vida donando órganos.

—Hay que donar vida, Inocencio. Y hay muchas formas de donar vida.

—¿Cómo cuáles?

—Se dona vida amando al prójimo. En esto se resume esta gran donación. Y, por supuesto, se dona vida donando órganos. Hay una carta enviada por el lector Jorge Cadiboni que deseo reproducir. Dice: “Me permito transmitirle un pensamiento que hace tiempo ronda en mi mente. La necesidad de la donación, tanto de médula, como de sangre, como de cualquier otra parte del cuerpo de las que se donan en vida, como así también de la donación de órganos en general en caso de muerte, a los primeros que habría que convencer es a los estudiantes universitarios. En especial los de las especialidades que tienen que ver con la salud, que son los que están en mejores condiciones de entender la profundidad del problema y en las mejores condiciones físicas de hacerlo. Existen al menos 7 facultades nacionales en la ciudad de Rosario en esas condiciones a las que habría que sumar las privadas que son otras tantas. El universo de estudiantes en la ciudad es de al menos 200.000. El tema de la sangre…, pues con que donaran cada uno un par de veces durante la carrera, cubriría la necesidad de la zona.

—El caso de la medula, posiblemente lo más importante es la información acerca de las compatibilidades.  De todas maneras creo que si los directamente involucrados en el tema de salud no son capaces de comprar la idea, mal la podrán vender al resto de la población. La palabra puede convencer, pero es el ejemplo el que arrastra. De paso, sería una forma de devolver algo de lo que reciben gratis y por lo que paga toda la población. Cordialmente.  Jorge Cadiboni”.

—Bueno, es una alternativa aceptable.

—Lo importante es comprender que quien está dispuesto a donar órganos tiene la gran posibilidad de salvar una vida. Personalmente, no encuentro una razón, un sentido más alto en la vida, que el de salvar la vida a otra persona. Y en este aspecto deseo señalar algo: también se puede donar vida en vida, como es el caso de la donación de médula ósea. Pero hay otras formas de donar vida.

—¿Por ejemplo?

—Cuando usted aporta algo de su pertenencia para que otro deje de existir, para que empiece a vivir, usted está donando vida. Ahora este aporte no necesariamente debe ser de naturaleza económica o un acto magnífico y grandioso. A veces algo muy simple convierte a la mera existencia en vida.

—¿Le parece?

—No tengo la más mínima dudas en ese sentido. Una palabra, un gesto y, mejor aún, la sucesión de palabras y gestos que impliquen una caricia para el alma de otra persona, puede significar, para ella, el paso de la mera existencia a la vida. Diría que a veces tales actitudes actúan como un energizante, despiertan al otro, lo llenan de alegría y esperanza, lo acompañan y empujan a conquistar aquellas cosas que aún no ha alcanzado. Si yo le digo, por ejemplo, a usted Inocencio, o a ese lector que está angustiado por una dificultad o por un fracaso: “usted puede superar este momento, usted puede vencer ese vacío, esa soledad. Usted puede, créame, alcanzar ese estado o meta que ansía. Se lo digo totalmente convencido, porque yo mismo pasé por esa noche del tiempo”. Si yo doy ese mensaje, pues creo que estoy donando un poco de vida. Hay que donar vida Inocencio, de la forma que sea, pero hay que donar vida.

candi2050@gmail.com

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