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Martes 07 de Septiembre de 2010

Charlas de Candi - Martes 7

—Hace unos días atrás hicimos referencia en esta columna a un nuevo juego de moda en Europa (si es que puede llamarse así al disparate) llamado Balconig. Consiste en saltar de un balcón a otro y ya se ha llevado a varias vidas al otro mundo. La estupidez del ser humano parece no tener límites.

—Hace unos días atrás hicimos referencia en esta columna a un nuevo juego de moda en Europa (si es que puede llamarse así al disparate) llamado Balconig. Consiste en saltar de un balcón a otro y ya se ha llevado a varias vidas al otro mundo. La estupidez del ser humano parece no tener límites. Todo en aras de hacer subir el nivel de adrenalina, buscar nuevas sensaciones y vaya a saber uno qué razón (sinrazón) que se cruza por la mente de estos tipos. Pero he pensado que para hacer subir el nivel de adrenalina y buscarse una aventura tan peligrosa como la de saltar de balcón a balcón, podrían venir estos europeos a intentar cruzar en las calles de Rosario de vereda a vereda, empleando la misma actitud que tienen en Europa.

—¡Allí los quiero ver!

—Advertirían que la adrenalina asciende hasta la garganta, junto con otros órganos que nombrar no quiero, y que el corazón estalla por miedo a que algún idiota, sazonado con dotes homicidas, imprima más velocidad a su arma mortal (esto es auto o colectivo).

—Verdadero caos, y peligroso, desde luego, es el tránsito en la ciudad.

—Días pasados dicen que una jugadora del equipo de hockey de España se quejó y quedó indignada porque intentó cruzar la calle y los automovilistas, irresponsables e irrespetuosos, lejos de cederle el paso siguieron como si nada. “Esto en mi país no ocurre -dijo- cuando uno pone el pie en la acera todo el tránsito se detiene y cede el paso al peatón”.

—Quien ha viajado a Europa, o a Estados Unidos de Norteamérica sabe que es exactamente así. Hay una cultura en tal sentido.

—Aquí es exactamente al revés, quien pone el pie en la acera sin tomar todos los recaudos habidos y por haber corre el riesgo de morir. Así, sin más. Y aquí hay responsables: por un lado los cuasi seres humanos (digo cuasi porque en algunos casos se trata de gente tan bruta, estúpida, infradotada o con ciertas patologías, que ha descendido en la escala) Y por otro lado los “cuasi funcionarios” que no ponen orden, que no aplican sanciones severas para con tanto homicida en potencia suelto. No extraña entonces que se sucedan accidentes tremendos y si no ocurren más (¡menos mal!) es porque los rosarinos están protegidos por buenos espíritus.

—Pareciera que las autoridades están muy comprometidas en cuanto a infracciones a los que estacionan mal (como ya lo hemos señalado muchas veces); que la grúa está para favorecer a la caja del fisco, pero basta con que cualquier vecino se pare en una esquina de la ciudad para advertir cómo no se respetan normas de tránsito que son fundamentales para preservar la vida y los bienes de las personas, cómo algunos bobos pasan las esquinas sin atenuar la marcha, cómo se invaden las sendas peatonales, se cruzan semáforos en rojo, se conduce a alta velocidad y nadie pone orden. Hay que remitirse a las crónicas de los últimos días para ver cuales son los tristes resultados.

—¡Libertad, Candi, libertad! No sea reaccionario.

—El problema que esto no es libertad, esto es permitir que cualquiera haga lo que le venga en gana. Pero claro, cómo vamos a pretender, mi querido amigo, que se ponga orden en el tránsito, cuando ocurre tanto bandidaje y nadie hace nada. Y no hablemos sólo de robos, que están a la orden del día. ¿Del día?¡Qué digo del día, del minuto! ¡Ah, pero es una sensación, una sensación! Y ni hablar de otras cosas, como el tráfico de drogas. Cada muerte de obispo (y por favor hermanos, no vayan a pensar que yo quiero que mueran con asiduidad los obispos, Dios no lo permita), pero cada muerte de obispo, como suele decirse vulgarmente, aparece un procedimiento y ¡zas! se secuestran unos kilitos de “merca”. Cómo vamos a pretender orden en el tránsito cuando los “muchachos” transitan por la interna, muy panchos, y piensan en el 2.011. ¡Qué desfachatez la mía desear otras cosas!

candi2050@gmail.com

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