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Martes 05 de Abril de 2011

Charlas de Candi - Martes 5

—De lobos y de vida: Estaba sentado, como solía estarlo con frecuencia en las noches frías y lluviosas de invierno, frente al gran ventanal que daba a la histórica avenida de los Champs Elyses. Guardaba silencio (siempre lo guardaba, pero especialmente cuando algún recuerdo o pensamiento lo llevaba a la reflexión) y su mirada estaba más allá de todo. Es decir, más allá de todo lo que el mundo tiene para ofrecer a los sentidos.

—De lobos y de vida: Estaba sentado, como solía estarlo con frecuencia en las noches frías y lluviosas de invierno, frente al gran ventanal que daba a la histórica avenida de los Champs Elyses. Guardaba silencio (siempre lo guardaba, pero especialmente cuando algún recuerdo o pensamiento lo llevaba a la reflexión) y su mirada estaba más allá de todo. Es decir, más allá de todo lo que el mundo tiene para ofrecer a los sentidos.

—Ella, como siempre también, respetaba sus silencios. Sentada en el otro sillón de la espaciosa sala, leía un poema de Baudelaire: “El demonio se agita a mi lado sin cesar (…) Así me conduce, lejos de la mirada de Dios, / jadeante y destrozado de fatiga, al centro / de las llanuras del hastío, profundas y desiertas, / y lanza a mis ojos, llenos de confusión, / sucias vestiduras, heridas abiertas, / ¡y el aderezo sangriento de la destrucción!”

—De pronto, él salió de su silencio. “Dos sonidos en las soledades de las noches, en sus silencios absolutos, me conmueven, y un tercero me llama a la reflexión: el de la sirena de una ambulancia que parece cruzar París con desesperación ante el titubeo de la vida; el silbato del tren que corta el espacio, anunciando que entre sus pasajeros hay uno que se va para no volver más al lugar donde deja las cosas más amadas, y el aullido, desgarrador para mi alma, del lobo alpino.

—¿El aullido de un lobo? –preguntó ella asombrada mientras dejaba a un costado del sillón “Las Flores del Mal” del genial poeta-. ¿Y por qué?

—El lobo es un animal fuerte, inteligente, bello, comunitario, pero a la vez nostálgico. Ello es fácil advertirlo en su mirada que se torna agresiva sólo cuando la vida lo despoja de su estado esencial y lo revuelca en la injusticia. Hace unos años, en una noche como esta, fría y lluviosa, un viejo aldeano que encontré en una taberna del sur de Francia, me contó una leyenda después de escuchar el aullido de unos lobos. “Ellos en los atardeceres y en las noches –me dijo mientras saboreaba un cognac levantan su cabeza y con sus ojos entrecerrados dirigen ese sonido desesperado de nostalgia hacia el firmamento. Es una comunicación con el más allá, una plegaria, una petición. Piden al orden superior retornar al mundo celestial del que fueron arrojados por los cancerberos. Sí, ellos eran los guardianes de ciertos ángeles, pero en ausencia de éstos y con la ayuda del demonio, los guardianes del Hades los vencieron en una batalla desigual. Ahora penan en una Tierra salvaje en donde el principal depredador es el hombre. Un hombre a veces injusto; egoísta; ambicioso, y tanto que llega a matar por una meta efímera. Un hombre intolerante y cruel.

—Sí -respondió ella mientras le abrazaba por detrás-, pero debes saber que también hay humanos que aúllan silenciosamente en los atardeceres, en tanto esperan la llegada de esos ángeles que los arrebatarán para llevarlos hacia ese mundo del que también fueron despojados.

candi2050@gmail.com

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