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Martes 05 de Octubre de 2010

Charlas de Candi - Martes 5

—Me gustaría continuar, querido Inocencio, con esto del irrespeto y la intolerancia, dos aberraciones que se han fundido y confundido en la sociedad de nuestros días y que, tengo la sensación, ya forman parte de la pauta cultural. —¿Le parece?

—Me gustaría continuar, querido Inocencio, con esto del irrespeto y la intolerancia, dos aberraciones que se han fundido y confundido en la sociedad de nuestros días y que, tengo la sensación, ya forman parte de la pauta cultural.

—¿Le parece?

—Se advierte, como decía ayer, en todas partes, incluso en la calle, en la vía pública ¿No ha observado usted cuan irrespetuosos son, por ejemplo, algunos automovilistas?

—¿Algunos? Diría que muchos. Sobre todo me asombra y me indignan los comportamientos de aquellos que tienen a su cargo la conducción de vehículos del servicio público o de servicios privados, como los transportes escolares. Ayer, sin ir más lejos, observé a un transporte escolar incurrir en varias infracciones: detenerse en la senda peatonal, ir a más de 45 kilómetros por hora y demás. ¡Lamentable! Algunos señores no comprenden que transportan vidas humanas y que en el mundo que los rodea hay también vidas humanas. Vidas, en general, porque se le debe respeto a toda forma de vida.

—Un escritor suizo decía que la bondad es el principio del tacto, y el respeto por los otros es la primera condición para saber vivir. Pero estamos en un mundo en donde los valores se han subvertido. Si usted quiere poner orden lo califican de represor; si se muestra contrario al libertinaje le dicen que cercena libertades; si defiende el orden natural, es probable que lo denuncien por discriminación. Estamos en una sociedad en donde muchos son pluralistas; ¡ah!, pero eso sí: pluralistas en tanto y en cuanto usted se ajuste al singular pensamiento que sustentan. Si usted no está de acuerdo, pues es mirado como un enemigo. Estamos en una cultura del irrespeto y la intolerancia, una cultura en donde el “vale todo” ha herido dramáticamente la posibilidad de crecimiento. Convengamos que muchos padres han sido devorados por esta cultura y en razón de no parecer “castradores”, no ajustan la educación conforme a la observancia de reglas fundamentales. Esto determina que sus hijos se formen en un molde fallado. Tiene sus consecuencias. Yo me canso de escuchar en la calle a chicos que tratan mal o insultan a sus padres. ¿Qué será de ellos y de los que con ellos vivan en la adultez? Y hay educadores, debo decirlo, que hace 60 años atrás no hubieran tenido ninguna posibilidad de impartir enseñanza. Y otros honrosos que deben soportar los enojos de padres absurdos, porque procuran educar bien a sus hijos. En fin...

candi2050@gmail.com

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