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Martes 28 de Septiembre de 2010

Charlas de Candi - Martes 28

—Voy a publicar hoy una carta que me ha enviado el médico Lucas Raspall. Alude el profesional al mal manejo de la información y los riesgos que conlleva.

—Voy a publicar hoy una carta que me ha enviado el médico Lucas Raspall. Alude el profesional al mal manejo de la información y los riesgos que conlleva.

—Dice así: “Estimado Candi: nuevamente estoy aquí sentado, buscando ese diálogo con usted, esa charla imaginaria (o no) que me represento con un colectivo de gente. Candi, hoy me siento abatido, golpeado por una situación que no deja de repetirse. Si me apura, la titularía “Los riesgos del mal manejo de la información”. Soy médico psiquiatra de profesión, y he tenido la suerte de formar parte de un puñado de colegas con los que organizamos a todo pulmón el VII Congreso Argentino de Suicidiología, aquí en Rosario. El nombre del evento deja patente la temática, y esto hace que las cosas a las que me referiré sean aún más graves. Intentaré ponerlo en pocas líneas, porque sé que su enorme espacio encierra la obligada mesura en el número de palabras. Comprendo que el inevitable apuro de los tiempos actuales impide muchas veces el trato serio, reflexivo y crítico de la información por parte de los medios masivos, realmente lo entiendo. Pero existen materias que nos exigen a todos los que, de alguna manera u otra, ocupamos un lugar de comunicador (la sentencia vale ser extendida para todas las personas en todas las situaciones que nos vinculan con otro), tener la cautela suficiente como para pensar con claridad lo que decimos y repasar con prudencia lo que escribimos. Sino, sucede como en el juego del teléfono descompuesto, en el que de la información surge la des-información o la mal-información. Pasó numerosas veces en torno a la organización del presente congreso. Créame, Candi, no hablo por mí: realmente que mi nombre vaya seguido de algo que no dije, no es el problema mayor. A partir de aquí, y con los ojos ya humedecidos, hablo en nombre de personas que he querido y hoy no están, hablo por los padres que siguen preguntándose por qué, o por los hijos que lloran aquel dramático momento. Las palabras tienen un peso propio. Invitan a un jugar en la poesía, claro que sí; pero alrededor de estos temas el trato de los conceptos tiene que ser diferente, tiene que ser atinado, preciso, exacto. La paradoja de Vattimo, reconocido pensador de la posmodernidad , es que “la sociedad trasparente” de hoy muestra todo; todo se ve, todo se dice, todo se sube a Facebook, pero la verdad es que tanta información sin orden ni tiempo para ser procesada sólo deviene en caos. Finalmente se ve nada; todo se confunde en una bruma repleta de relatos mínimos y parciales que no pretenden la comunión y el consenso. Candi, al menos en torno a temas tan delicados como éste, procuremos compartir y repensar el conocimiento, no dejemos que se muestre un conglomerado de datos aislados, inciertos y sin fusionar: eso puede confundir a muchos y, así, lastimar a muchas personas. Mil gracias por permitirme conversar con usted. Lucas Raspall”.

—Bueno, coincido con lo que dice el doctor: a veces se habla mucho y no siempre bien, o no siempre se transmite un mensaje adecuado. Esto no sólo sucede en los medios, sino incluso en todos los ambientes sociales, incluido el de la educación. Preocupan, por lo menos a ciertas personas, algunos parámetros y conceptos educativos, algunas “enseñanzas”. ¿Y qué es enseñar sino una forma de comunicar contenidos que enriquezcan al hombre? Pero no es menos cierto que también, en ocasiones, hay diferencias de criterios, hay divergencias y eso es bueno que suceda entre seres humanos de buena voluntad. Porque cuando hay buena voluntad la diferencia ayuda al crecimiento. Por otra parte, como el ser humano es falible (¡y vaya si lo es!) suele haber fallas. También en ocasiones, y esto es lo grave, suele haber (y ya en el plano informativo en general) intenciones parciales, y esto es lo delicado e inquietante. Un tema profundo.

candi2050@gmail.com

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