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Martes 02 de Noviembre de 2010

Charlas de Candi - Martes 2

—“Yo sé un himno gigante y extraño / que anuncia en la noche del alma una aurora, / y estas páginas son de ese himno / cadencias que el aire dilata en las sombras”. ¿Se acuerda Inocencio?

—“Yo sé un himno gigante y extraño / que anuncia en la noche del alma una aurora, / y estas páginas son de ese himno / cadencias que el aire dilata en las sombras”. ¿Se acuerda Inocencio?

—Sí, fue una lejana tarde calurosa, como la de este lunes (miércoles para el lector), una siesta silenciosa aquella en que, temprano, muy temprano, casi en la mañana de la vida, descubrimos a Bécquer.

—Sí, ha pasado mucho tiempo desde que imaginamos, leyendo ese otro verso del poeta, un salón, un ángulo oscuro y el arpa olvidada por su dueña. En nuestra romántica adolescencia, nos conmovía, nos movía a compasión, ese instrumento en cuyas cuerdas dormían las notas ¡Pobre y abandonada arpa!

—Como duerme en tantos corazones ricos, sensibles, el amor. Y duerme, mi querido amigo, porque muchas personas dejan a los corazones nobles abandonados, derrumbados en un ángulo oscuro de la vida. Duerme el amor, porque es mejor dormir a sentir esa soledad que entristece los latidos. ¡Cuántas personas maravillosas, amigo mío, deseosas de amar y ser amadas, están como el arpa sublime de Becquer!

—Personas en las cuales no se repara. En la vida de pareja, desde luego, sucede a menudo esto de la indiferencia por el otro. Las cosas del mundo concentran la atención de quien debería amar. La esposa, por ejemplo, no es considerada amante, es esposa, ama de casa, madre de familia, la otra trabajadora del hogar. La mujer, en muchos casos, es considerada un ser al servicio de muchas cosas, pero no una criatura para ser servida por el amor. Pero, ¡cuidado! que el esposo también con frecuencia (para que no crean las muchachas que ellas son sólo las víctimas) suele no ser comprendido. No es fácil hoy ganar el pan con el sudor de la frente; a veces se imponen lágrimas y ese estrés que cala hasta el alma. No es fácil ser amante en tales circunstancias. Y ni hablar de tantas personas que están en soledad. Personas ávidas de amar, pero que por diversos motivos no lo logran. ¡Y qué pena aquellas parejas en donde el amor es un recuerdo y la unión una circunstancia marchita! Sin embargo, Inocencio, yo creo en los himnos gigantes y extraños que anuncian en la noche del alma una aurora. Sí señor, creo en ellos y doy testimonio de los mismos. Para amar, después de todo, hay que prestarle atención al corazón. ¡Gran poeta Becquer!

—¿Qué podríamos decir?

—No dejes olvidado en un ángulo oscuro a ese ser que nació para amar y ser amado. No dejes que el amor se duerma en su cuerda, como el pájaro duerme en la rama. Eso es todo lo que hay que decir.

candi2050@gmail.com

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