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Lunes 28 de Febrero de 2011

Charlas de Candi - Lunes 28

—¡Oh Verbo si estuvieras en carne entre nosotros! ¡Oh Señor mío Y Dios mío (como dijo Tomás el incrédulo) si vieran tus ojos de la carne las obras de los hombres! Los reprendiste a ellos, tus discípulos directos, cuando con celo y firmeza les expresaste: “¡Dejad que los niños vengan a mí! No se lo impidáis, porque de ellos es el Reino de los Cielos!”

—¡Oh Verbo si estuvieras en carne entre nosotros! ¡Oh Señor mío Y Dios mío (como dijo Tomás el incrédulo) si vieran tus ojos de la carne las obras de los hombres! Los reprendiste a ellos, tus discípulos directos, cuando con celo y firmeza les expresaste: “¡Dejad que los niños vengan a mí! No se lo impidáis, porque de ellos es el Reino de los Cielos!”

—En la vecina ciudad de Villa Constitución hay una familia, una mamá y varios hermanos. La más chica de las hijas (María Victoria) tiene cierta dificultad de índole psicológica. Nada que una buena educación y amor no puedan resolver. La nena debería haber comenzado la escuela el año pasado, pero la imposibilidad de conseguir una maestra integradora lo impidió. Este año tiene la maestra integradora, pero las escuelas públicas y privadas de esa ciudad (una de ellas católica) se lo impiden. Voy a reproducir unas palabras de la mamá: “La nena estuvo sin escolaridad todo el año pasado por no tener integradora. Después de iniciar un recurso de amparo contra la mutual Pami, me dieron la integradora a fin de año. Resulta que ahora me dicen que para ingresar a cualquier escuela pública, la integradora tiene que estar aprobada por el Ministerio, hay que armar un expediente con toda la problemática y esa autorización puede demorar meses”.

—¿Qué extraño en Argentina, no?

—Mientras tanto -añade- la nena no puede ingresar a la escuela. Me quedaba como única alternativa las escuelas privadas, donde no hace falta la autorización del ministerio. Voy a la Cristo Rey, y ni siquiera me escucharon. Me dijeron: imposible. Voy a la Dante Alighieri (de Villa Constitución) me dijeron lo mismo. Voy a la Divino Maestro y le tomaron una evaluación, y quedaron en contestarme. Esa evaluación la toman las psicólogas de Don Orione, porque esa escuela trabaja con ellos para evaluar las integraciones. Por lo pronto, el lunes (hoy) no puede empezar la escuela. Estamos muy mal todos”.

—Yo he sido y seré siempre inflexible con las escuelas religiosas que no abren su corazón a los niños con capacidades diferentes, pobres o excluidos por una u otra razón. Jesús no vino a estar entre los ricos, los sanos y los justos. Vino a mezclarse, a dar su corazón y su vida por los apartados y pecadores. Lamento y cuestiono la actitud, en este caso, de las autoridades de esta escuela, que rige una congregación de monjas. Dice una familiar de la nena que sin más le dijeron: “no hay lugar”. Me pregunto si falta lugar en el aula, si falta un banco de madera (hay gente dispuesta a donarlo en todo caso) o si falta lugar en los corazones o en las voluntades. “¡Dejad que los niños vengan a mí!”. Y luego es de lamentar lo de las otra escuelas. ¿En ninguna hay lugar? La nena pregunta: “¿por qué los demás chicos van a la escuela y yo no?”. Esta columna de hoy, y el caso, se los remito a una autoridad provincial, una mujer sensible, buena y excelente funcionaria. Lo hago sólo con el único ánimo de lograr solución al caso.

candi2050@gmail.com

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