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Lunes 21 de Febrero de 2011

Charlas de Candi - Lunes 21

—Una lectora, Clara, sostiene, con mucha razón, que hay que sembrar en la vida. —“Siembra un acto y cosecharás un hábito; siembra un hábito y cosecharás un carácter y siembra este último y obtendrás un destino”. Creo que el pensamiento es de Reade. De todos modos es cierto aquello de… “se recoge lo que se siembra”.

—Una lectora, Clara, sostiene, con mucha razón, que hay que sembrar en la vida.

—“Siembra un acto y cosecharás un hábito; siembra un hábito y cosecharás un carácter y siembra este último y obtendrás un destino”. Creo que el pensamiento es de Reade. De todos modos es cierto aquello de… “se recoge lo que se siembra”.

—La lectora nos dice que “nada es casual. Le cuento que estoy segura de haber hecho una importante siembra, últimamente. En esta etapa de resiliencia en la que me encuentro, logré unir, al menos por unos días, a dos familias numerosas. Algunos no se conocían, otros sólo por los nombres y viajé con seis de ellos desde Rosario para reunirse con otros tantos, y sus descendientes, en el sur de la provincia de Buenos Aires, los que debido a sus recursos no lo hacían desde hacia algo más de veinte años. Y como están las cosas –añade- tal vez no lo podrían hacer, al menos todos juntos. Así que tengo satisfacción personal, porque fue bueno y gratificante poder compartir y contemplar el disfrute del encuentro para algunos, y reencuentro para otros. Sentía obligación moral de hacerlo; aunque con mucho esfuerzo, pero feliz de que Dios me dé la oportunidad de seguir sembrando. Clara”.

—Quiero decirle algo a Clara y, por supuesto, a todos los lectores, especialmente a aquellos que salen de una etapa de angustia, de dolor, y a los de espíritu sensible, que buscan un sentido para la vida o que procuran encontrar la respuesta a: ¿de qué se trata esto de vivir? Por supuesto que lo que diré no es sino mi opinión.

—Adelante.

—Siempre recuerdo, y especialmente lo llevo grabado en mi memoria desde hace algunos años, aquellas palabras del Talmud, escritura sagrada del pueblo judío, que dice: “el que salva una vida, salva a la humanidad”. Se trata de una enseñanza muy grande: En esas pocas palabras se encierra una extensa verdad que podría resumirla diciendo que quien salva a una vida salva al otro, a su entorno, a su descendencia y se salva a sí mismo y a su propio entorno. Ello así, porque desde luego uno mismo está comprendido en la humanidad. Salvar una vida no necesariamente significa el hecho literal de impedir la muerte física, sino que comprende mucho más: sanar la herida emocional; ayudar a traspasar un momento de dificultad; ayudar a crecer intelectual o espiritualmente; ayudarlo alimentariamente; médicamente, etcétera. Salvar al otro es “acompañarlo, mientras se lo ayuda, en el camino de la recuperación hacia el bienestar general”. Sembrar un acto para que se salve una vida, para que florezca en esa otra vida un sentimiento de paz, de gozo, de tranquilidad. No hay otra cosa, creo, que nos pueda hacer sentir mejor. No hay mejor cosecha, ni mejor bálsamo para el hueco existencial.

candi2050@gmail.com

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