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Lunes 13 de Diciembre de 2010

Charlas de Candi - Lunes 13

 —Escrito en un día de descanso para leer un lunes: José y su hermano Samaliel, cuando alcanzaron la edad de cruzar la extensión llamada “Jai”, subieron a una elevación y miraron el camino.

—Escrito en un día de descanso para leer un lunes: José y su hermano Samaliel, cuando alcanzaron la edad de cruzar la extensión llamada “Jai”, subieron a una elevación y miraron el camino. José dijo: “Hay abundante vegetación, muchos pozos de agua y regiones adecuadas para el descanso y hacer fiestas”. Samaliel, sin embargo, fue más cauto: “Veo muchas zonas desérticas, serpientes, escorpiones y bandidos”, dijo con preocupación. José deploró con su mirada el escepticismo de su hermano, pero no pronunció palabra. Se despidieron y cada uno, por caminos distintos, comenzó la travesía . Al cabo de un tiempo de su peregrinaje, a José lo picó un escorpión. Logró reponer un poco de sus fuerzas, pero más allá unos salteadores le despojaron de la vasija con agua. Afortunadamente, tras caminar durante un tiempo y antes de desfallecer, encontró un pozo de agua. Se restableció, pero las secuelas que había dejado la picadura y una tormenta lo dejaron tendido en el suelo, solo y moribundo. Cuando creía que todo estaba por terminar para él, vio a un peregrino que se acercaba. El buen desconocido armó una tienda, le dio de beber agua, lo alimentó, lo cuidó y le hizo compañía hasta que estuvo completamente repuesto. Durante 6 días le enseñó los rudimentos, principios y secretos para cruzar la extensión por la que andaba. En el séptimo día, el peregrino, mientras descansaba y oraba, le dijo: “No dejes de orar ni durante el día, ni durante la noche en esta extensión”. Finalmente, el hombre levantó su tienda, le deseó la paz y partió. José había aprendido lo suficiente sobre cómo debía cruzar semejante trayecto, pero no dejaba de preguntarse qué sentido tenía todo aquello. Es cierto que una vez había descubierto un pozo de agua muy pura, rodeado de tupida y exuberante vegetación; pero ¿acaso era un sentido determinante en sí mismo? Aun cuando deseaba quedarse allí, una fuerza potente, contra la que no pudo, lo obligó a seguir. “¿Qué sentido tiene todo esto?”, se preguntaba una y otra vez. Después de andar un tiempo divisó una elevación, subió y, para su sorpresa, se encontró allí con su hermano Samaliel. Se abrazaron, lloraron emocionados, rieron y miraron lo que estaba delante. José no daba crédito a lo que veía. La extensión que se conocía como “Jai” mudaba sus formas un poco más allá. Pero no se atrevió a describir aquello que observaba, pues recordó que una vez había sido demasiado optimista y soberbio, y ello lo había distanciado de su hermano. Esta vez miró a Samaliel y le preguntó: “¿qué es lo que ves en el horizonte, amado hermano?”. Este respondió: “algo maravilloso, parece un sublime vergel”. Muy cerca de donde estaban los dos, descansaba un anciano de mirada apacible y halo de sabiduría. Samaliel le preguntó: “¿qué es aquello que se ve más adelante?” El sabio respondió: “es el efecto de esta extensión y, para quien lo alcanza, el sentido de las cosas por antonomasia“. Desde lo alto, los hermanos observaron que muchos peregrinos equivocaban el camino, se desorientaban y se perdían sin poder llegar a aquello particularmente bello. José entonces dijo a su hermano: “En la parte de camino que resta en “Jai” hay pozos de agua y vegetación, pero también desierto, escorpiones, bandidos y serpientes. Cuidémonos, no perdamos el rumbo, ajustemos nuestra acción a lo que es justo y prudente, y oremos mientras andamos hasta alcanzar el gran sentido de esta extensión, el verdadero efecto de esta causa”. Sonrieron y emprendieron la marcha; esta vez juntos.

-Aclaración necesaria: Jai, en hebreo, significa vida.

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