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Lunes 11 de Abril de 2011

Charlas de Candi - Lunes 11

—Estoy pensando seriamente en este otoño escribir un libro. —Tendrá que conseguir un mecenas o una editorial a la que le interese el tema a tratar. Imagino cuál es: El sentido de la vida, la aflicción, la soledad y la superación hacia un estado de calma interior a la luz de la iluminación judeo-cristiana.

—Estoy pensando seriamente en este otoño escribir un libro.

—Tendrá que conseguir un mecenas o una editorial a la que le interese el tema a tratar. Imagino cuál es: El sentido de la vida, la aflicción, la soledad y la superación hacia un estado de calma interior a la luz de la iluminación judeo-cristiana.

—He leído esto: “Para los sabios judíos las preguntas esenciales nunca han sido cuándo y dónde comenzó la Creación sino cuál es el objetivo de la Creación y cuál es la función del ser humano”. Esto lo dice un escrito judaico y que coincide (por supuesto) con lo que pensamos y con lo que hemos sostenido aquí en los últimos días: buscar y encontrar el sentido de la vida. Y este no es más que: primero encontrarse a sí mismo, luego ayudarse a sí mismo si fuera necesario, e inmediatamente después, como dijo ese sacerdote del Opus Dei en esa charla de la que hablamos días pasados, ser solidarios con ese ser humano que está a nuestro lado, incluso en el propio hogar ¿Por qué deberíamos hacer caridad en Africa? ¿Acaso en nuestro entorno no hay seres necesitados?

—El escrito al que hacemos referencia de un autor judío señala precisamente eso: “cuando nuestro deseo de bien se proyecta más allá de nosotros, el pensamiento lo acompaña, pues al anhelar el bien del prójimo el deseo amplía considerablemente su área de acción: primero a nuestra familia, luego a amigos, comunidad y finalmente al mundo todo. Este esfuerzo activa un potencial desconocido para las personas, creándoles la necesidad de alcanzar la sabiduría que armonice las acciones, las emociones y los pensamientos desembocando así, finalmente, en el plano de las causas: el espiritual”.

—Ya ven como todas las religiones se plantean y profieren el mismo principio: “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Claro, en este mundo en que vivimos hablar de esto supone para algunos un disparate. Imaginen que yo dijera que el sentido del ser humano es hacer el bien para confundirse con el Ein Sof y hacerse infinito, eterno con El y en El.

—Parece chino. ¿Qué es el Ein Sof?

—Déjeme decir, primero, que la filosofía oriental también lo enseña así: el espíritu humano está llamado, finalmente, a la unión con Dios, a menos que el hombre quiera pasarse el tiempo de reencarnación en reencarnación hasta que por fin alcance el grado necesario para ese encuentro definitivo. El Ein Sof, en judaísmo es la causa que no tiene causa, luz infinita, eterna. El Ein Sof (Dios, en definitiva) era aun antes del principio. Me permito decir que el Ein Sof es algo así, en mi opinión, como el Espíritu Santo del cristianismo, ese que no tiene principio y fin. Es la sabiduría, la inteligencia suprema, perfecta. Lo que no pasa ni termina nunca. Dice Jesús: “El cielo y la tierra pasarán, pero estas palabras (“la verdad infinita, eterna, perfecta) no pasarán”. Como conclusión, y creo que esto es lo más importante, diré que en Dios no hay tiempo, pero en este plano de existencia en el que estamos sí. Y el tiempo aquí fluye, corre raudamente. Por eso no se lo puede derrochar viviendo improductivamente. Por ejemplo: no es deseo de la sabiduría eterna que la dificultad y la aflicción nos arrastren hacia el mar oscuro. Hay que amarse a uno mismo, esto es luchar hasta erguirse con fuerzas para luego servir. Servir primero en el marco familiar, luego entre las amistades, para después salir a servir al mundo.

candi2050@gmail.com

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