Edición Impresa
Jueves 09 de Diciembre de 2010

Charlas de Candi - Jueves 9

—La realidad del país la he comprendido, un poco más, hace unas horas atrás, cuando tuve acceso a una encuesta realizada por una conocida consultora porteña. La encuesta en cuestión, en sus conclusiones, dice lo siguiente con relación a buena parte de la sociedad argentina y la gestión K...

—La realidad del país la he comprendido, un poco más, hace unas horas atrás, cuando tuve acceso a una encuesta realizada por una conocida consultora porteña. La encuesta en cuestión, en sus conclusiones, dice lo siguiente con relación a buena parte de la sociedad argentina y la gestión K.: “En cuanto a los desaciertos, denuncias por corrupción o cualquier hecho negativo vinculado a la gestión, aún los que la oposición denuncia en estos últimos tres años, no empañan la actual imagen de Cristina“. Literal.

—Esta conclusión es patética. ¿Ya no nos importan los actos de corrupción del gobierno? ¿No interesan los hechos negativos de los funcionarios? Bueno, a lo largo de estos años hemos dicho que, lamentablemente, en buena parte de la sociedad hay indiferencia y resignación, hay ignorancia y hay también un fenómeno muy curioso y argentino: se sublima a un gobierno o figura (sin saberse exactamente por qué) y luego se lo defenestra sin más trámite. Mi profesión, que ejerzo desde hace ya 40 años, me ha permitido ingresar a lugares a los que el ciudadano común no tiene acceso, me ha posibilitado ver, escuchar y observar hechos y documentos interesantes. Pero lo cierto es que este comportamiento argentino no es de ahora. Yo lo vi a Alfonsín y al recordado “Bisonte” Allende (y a otros de derecha, claro) ingresar a la Casa Rosada para felicitar al gobierno militar por la toma de Malvinas, y vi, además, a parte considerable de un pueblo apoyar semejante disparate (¿Nadie se acuerda de la Plaza de Mayo repleta al anunciarse la recuperación?) Yo vi el estadio de Central lleno, en el partido mundialista de Argentina contra Perú, y escuché a 40.000 almas que ovacionaban a Videla ¿Se olvidaron? Yo vi en la costanera rosarina, en la década del ´80, a un Alfonsín aclamado, pero luego denostado hasta lo indecible. La magia de la muerte lo redimió. ¡Vaya! Y ni que hablar de Menem. Carlitos era una estrella, era lo mejor que le había pasado al país. Un radical llegó a decirme: “¡El Turco puso las cosas en orden, Raúl no tenía otra cosa que hacer que disparar, como lo hizo!” Hoy Carlitos es mala palabra. ¡Ah! Y tengo un recorte de diario en donde el entonces gobernador de Santa Cruz (Néstor) decía que era el mejor presidente que el país había tenido en años. Hoy es de lo peor ¿Y de Duhalde? ¿Qué decir? Héroe que puso al campo y la economía en alza de la mano de Lavagna ¿Y hoy? Es mala palabra. Sí, los argentinos somos muy particulares en muchos sentidos. ¿Y lo importante? Ayer escuché a un político de izquierda a quien respeto mucho, Pino Solanas: dijo, preocupado, que en el país hay 700.000 chiquitos desnutridos (fuente Red Solidaria, Juan Carr). Creo que son más, pero aun cuando fueran mil es indignante en un país tan rico ¿De esto no se dice nada? Solanas dijo que esa realidad es un crimen; y lo comparto absolutamente. Lástima que a muchos argentinos no les importe, como parece no importarles los 40.000 muertos a manos de la delincuencia en los últimos diez años, entre otras cosas.

candi2050@gmail.com

Comentarios