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Jueves 03 de Marzo de 2011

Charlas de Candi - Jueves 3

—Antes de reproducir la emocionante carta de Marisa Bollatti, deseo hacer un pedido, especialmente a los docentes. Si saben de algún niño o joven brillante, “bueno”, (del que se sospeche que con sus conocimientos ayudará mañana a la humanidad), pero humilde y al que se le torne muy difícil acceder a los estudios...

—Antes de reproducir la emocionante carta de Marisa Bollatti, deseo hacer un pedido, especialmente a los docentes. Si saben de algún niño o joven brillante, “bueno”, (del que se sospeche que con sus conocimientos ayudará mañana a la humanidad), pero humilde y al que se le torne muy difícil acceder a los estudios, háganlo saber por favor que hay amigos dispuestos a ayudar en ese sentido. Vamos con la carta de Marisa respecto de la discriminación de algunos chicos en las escuelas. Es larga, debemos extractarla.

—“Estimado Candi: Ya me conocen, mi nombre es Marisa, y soy miembro de AISDRO. Leyendo la columna de hoy no me sorprendió lo que le sucedió a María Victoria (se refiere a la columna del lunes pasado y al caso de la nena que no puede acceder a la escuela en Villa Constitución). Digo no me sorprendió, porque no es el primer caso. Lamentablemente son muchos. Pero sí me angustió muchísimo. Me pesa tanto esta realidad, que muchas veces me impide levantarme para comenzar a vivir un nuevo día y  seguir sosteniendo y construyendo una sociedad inclusiva desde mi vida personal y desde la ONG en la cual estoy involucrada  desde muchos años. Porque quienes como yo tienen en su seno familiar a una persona con alguna discapacidad, sabemos que son actitudes que se suceden año a año.  Me  dije, ¡otra vez! Cuantos años ya, que las personas con discapacidad sufren este tipo de  actitudes inhumanas, individualistas, segregacionistas. Y no solamente desde las escuelas religiosas, y además en otros ámbitos. Cuanto tiempo hace que están esperando que las instituciones escolares les abran sus puertas a lo que por derecho les corresponde. Tantas leyes que hablan sobre esto. Pero hay docentes y directivos que no se pueden poner en el lugar del otro, del otro humano, ni siquiera pueden imaginar la destrucción que causan con sus respuestas. No deberían estar en el ámbito de la educación. Y al Ministerio de Educación  ¡qué le importa! el tiempo de nuestros hijos, siguen poniendo obstáculos para que sus días se transforme en un verdadero infierno; no solamente para ellos, sino también para sus familias que terminan en grandes depresiones por estos motivos y demás. (…) Deberíamos ser más humanos. Las personas con discapacidad y sus familias siguen en soledad, sin que nadie les ayude a solucionar lo que por derecho les corresponde. Están desprotegidos de todo. (…) ¡Pero cuánto se habla de inclusión en nuestros días! ¡Hasta somos un país que se destaca por su trabajo sobre los “derechos humanos”!

—Voy a añadir sólo unas poquitas palabras a esta carta, algo que expreso siempre y que es mi dogma de fe: para mí, y en general, no hay persona, especialmente niños, más amorosa, más elevada, espiritual y emocionalmente, más buena y más justa, que aquella a la que equivocadamente le decimos “diferente en cuanto a capacidad”. No advierto, por ejemplo, bondad, inocencia y cariño más grande que ese que alberga en su humanidad una persona con síndrome de Down. ¡Qué diferencia entre estos seres y algunos verdaderos imbéciles, discapacitados e incapacitados, que nos dirigen con gran alarde de sabiduría y justicia y no son otra cosa que groseros mentirosos, hipócritas, cuando no despiadados!

candi2050@gmail.com

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